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Los malos servidores  

Para los que amamos al santo padre, no solo es muy doloroso que nos digan que somos sus enemigos, sino que los que se proclaman sus amigos le estén haciendo tanto daño al vicario de Cristo. No sé si el santo padre es consciente de lo que están haciendo con él y de lo que, de paso, están haciendo con la figura del papado. Yo le suplicaría de rodillas al Papa que se distanciara de esas personas que se dicen sus amigos, por su bien y el de la unidad de la Iglesia.

En el otro lado, en el sector de los que quieren una reforma de la Iglesia, pero en continuidad con la palabra y con la tradición, noto en no pocos casos nervios y miedo. Pero si ellos son los que, supuestamente, creen en el mensaje íntegro de Jesucristo, ¿no deberían tener más confianza en que el Señor es quien guía la Iglesia y que es Él y no nosotros quien la ha fundado y dado la vida por ella? O se cree en Dios o no se cree en Dios. Y si se cree, aun en el martirio, debemos estar seguros de que el Todopoderoso no nos abandona.

Tenemos que hacer nuestra parte y defender con valentía aquello en lo que creemos, pero sin caer en la trampa de devolver mal por mal e insulto por insulto. Rezar por nuestros enemigos, por aquellos que nos persiguen y calumnian, debe ser una característica de los que quieren seguir al Señor en su camino de la Cruz. Eso y mantener la paz y la esperanza. Tienen el poder y lo ejercen incluso despóticamente en algunos casos. Pero eso es solo una apariencia.

La realidad es que solo Dios tiene el verdadero poder y que todo lo que Él quiere o permite es para nuestra salvación. Si nos persiguen por ser fieles a Cristo, sintámonos bienaventurados y más cerca del cielo, porque eso es lo que el Señor prometió a los que le defendieran delante de los hombres. San Dimas es el primer ejemplo de ello.
Y no dejemos de orar por el Papa.