Más noticias

Sicarios

Se calcula que estas organizaciones de criminales de los sicarios pasivos y activos en Honduras se han convertido en uno de los más viles y abominables homicidios en los 298 municipios, y en especial en las principales ciudades; entre ellas, Tegucigalpa, San Pedro Sula y, últimamente y más peligrosas, La Ceiba y Choloma. Estos mandaderos del crimen, de sangre fría y de cabezas calientes en su mayoría, son jóvenes provenientes de familias desintegradas y de escaso poder económico.

Esto en un país donde abundan los ninis, ni estudian ni trabajan, que podrían aproximarse al millón, de los que algunos han elegido este sucio y cruel oficio del sicariato, incluso mujeres, aunque en un reducido número.

En su mayoría, las víctimas continúan siendo los motoristas, buseros, taxistas, ayudantes y dirigentes de este transporte público, que en los siete meses del año 2019 suman un promedio de 48 muertos a manos de los sicarios.

Siendo el principal problema que estos vándalos han recogido por año a través de las extorsiones, solo del sector transporte, montos mayores a los 400 millones de lempiras anualmente, por ello en los últimos años varios empresarios se han declarado incapaces de pagar grandes cantidades a diversos grupos del crimen organizado. Otros han retirado sus buses y taxis; otras empresas han quebrado por este flagelo de las extorsiones y por negligencias de las autoridades, quienes en muy pocos de estos homicidios han encontrado culpables.

Solamente capturan algunas veces a los “conserjes de la muerte”; es decir, a los hechores materiales, pero los criminales que autorizan estos crímenes son fantasmas para la justicia hondureña. Vergonzoso y penoso que muchos de estos jóvenes sicarios, de edades entre 18 y 25 años y algunos menores de edad, son víctimas del crimen organizado y son los atrapados, presentados y encarcelados en un país llamado Honduras.