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Amazonia peruana arde en silencio

Perú, el segundo país después de Brasil que más territorio posee en la Amazonia, está de momento a salvo de los grandes incendios que consumen la selva de sus países vecinos, pero sus bosques también arden cada año y lo hacen en silencio por miles de pequeños fuegos causados por campesinos. Con unos 68,5 millones de hectáreas, la selva ocupa casi el 54 % del territorio de Perú, desde la vertiente oriental de los Andes hasta sus fronteras con Ecuador, Colombia, Brasil y Bolivia, parte de los ocho países de Sudamérica que integran la cuenca amazónica.

Sin embargo, desde 2001 la Amazonia peruana ha perdido más de 2,1 millones de hectáreas, una superficie ligeramente superior a la extensión de El Salvador. Todo ello producto de una voraz deforestación que ha esquilmado su selva en un promedio de 123,500 hectáreas cada año, según los datos del último reporte de deforestación, referente a 2017. En ese año la deforestación de la Amazonia peruana alcanzó casi las 156,000 hectáreas, pero solo el 3 % provino de áreas deforestadas mayores a 50 hectáreas.

Aunque está prohibida, lo hacen para tener nuevos espacios agrícolas, pero al quemar el bosque, el suelo se empobrece y sus cosechas son efímeras, lo que les lleva a repetir el mismo proceso en nuevas áreas. Esto contrasta con el caso brasileño, donde los responsables agrícolas de la deforestación son principalmente los grandes ganaderos y cultivadores de soja.

Casi 600 incendios forestales fueron contabilizados en Perú entre 2012 y 2016 y en total calcinaron más de 94,000 hectáreas de bosques, según el “Plan de prevención y reducción de riesgos de incendios forestales 2019-2022”. A los incendios provocados por la agricultura migratoria se le unen otros factores delictivos que también arrasan con la selva peruana como las grandes plantaciones extensivas de productos como el cacao o la palma aceitera, los cultivos ilegales de hoja de coca, la minería ilegal y la tala ilegal.

En cultivos extensivos, es emblemático el caso de Tamshiyacu, una gran plantación de cacao donde una compañía del empresario estadounidense de origen checo Dennis Melka taló ilegalmente unas 13,000 hectáreas de selva, según la reciente sentencia del caso. Las plantaciones ilícitas de hoja de coca alcanzaron en 2017 las 49,900 hectáreas, un 14 % más que el año anterior, en lugares donde muchas veces se tala la selva para que arraigue el narcotráfico.

La minería ilegal se ceba con la región de Madre de Dios, fronteriza con Brasil y Bolivia, donde está La Pampa, el mayor campamento de mineros ilegales de América, en el que se han levantado más de 8,000 hectáreas de bosques e incluso desviado ríos en busca de oro.
Actualmente las fuerzas armadas han entrado al lugar para desmantelarlo, pues Perú se comprometió en el Acuerdo de París sobre el cambio climático a reducir para 2030 un 30 % su emisión de gases de efecto invernadero, y su principal estrategia para ello es la conservación de bosques. EFE