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Empresarios y burócratas

Apenas superadas las dificultades entre los políticos que se disputan fieramente la raídas vestiduras de la república, las fisuras que había visto en las estructuras de la clase empresarial hondureña nos muestran un conflicto larvario entre empresarios y políticos gubernamentales y burócratas a su servicio.

Los políticos, en la lucha por los cargos públicos, que les llevaron a exhibir sus peores formas de comportamiento irregular, lograron al final distribuirse los cargos en los órganos electores y dieron una lección terrible.

Sin darnos aliento, para recuperar el ánimo y desarrollar un poco la confianza perdida, después de ser testigos de una lucha vergonzosa entre políticos, teniendo como escenario el Congreso Nacional, ahora se anuncia en forma discreta; pero que anticipa explosiones mayores un nuevo conflicto entre la empresa privada, encabezada por el Cohep, y la Cámara de Comercio de Cortés. Las diferencias objetivas tienen que ver con las cargas impositivas, la recuperación de la Enee, la adecuación de los contratos de energía que compra la estatal eléctrica pero que comercializa mal y, posiblemente, lo más grave, el anuncio de la anulación unilateral de los contratos con una empresa colombiana. El Cohep, especialmente, efectúa estudios consensuados para defender sus posturas ante un eventual diálogo con el Gobierno.

Pero por otro lado – y esto es lo que más nos preocupa porque las diferencias económicas son de más fácil manejo – la Cámara de Comercio de Cortés quiere agregar a lo económico el componente político. Amparados en lo que ven, donde los grupos le han doblado al Gobierno el brazo mediante el componente de la amenaza política, Jorge Faraj y Pedro Barquero han creído encontrar la fórmula idónea para frenar al Gobierno que, por falta de una política económica, no tiene definiciones mas allá de las que le indica en términos fiscales el FMI. Y esa fórmula es el tema político partidario, mezclando lo que no es mezclable y que es, además, peligroso.

En los países en donde se ha ensayado, desde la alianza, corazón con corazón, como en Nicaragua, hasta el rompimiento por el aumento de las pensiones sociales, termina en una confrontación terrible, un verdadero fracaso. Si aquí hay diferencias, se deben negociar; pero sin mezclar políticas partidarias y, mucho menos, engañar a Jorge Faraj de que tiene posibilidades de morar el país, logrando la Presidencia de la república, cosa que para él es, ahora y para siempre, imposible.

Entendemos la calidad del problema. El Gobierno no tiene una política económica ni ministro de Economía y Desarrollo que pueda dialogar y establecer acuerdos con los empresarios a fin de que cada quien se dedique a lo suyo. Castillo no sabe economía, hablar mandarín no es suficiente. Los empresarios deben dedicarse a lo que saben: producir, proteger a sus accionistas y trabajadores, y los burócratas, cobradores de impuestos, a derivarlos por medio del presupuesto, buscando la mayor equidad en la distribución del producto nacional.
Y, sobre todo, hay que impedir que Barquero, por razones de ADN, nos empuje a seguir el modelo de Nicaragua, cuyos resultados conocemos.