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¡El respeto se ha perdido!

“La confidencia corrompe la amistad; el mucho contacto la consume; el respeto la conserva”: Marco Tulio Cicerón.

La falta de respeto en la familia, sociedad, instituciones y en toda entidad en la cultura moderna es porque se ha hecho un excesivo énfasis en la libertad y los derechos de los individuos, olvidando la responsabilidad como parte fundamental. Hoy todo mundo exige sus derechos, pero las acciones niegan la responsabilidad.

Existen los derechos de la mujer, de los niños y derechos de los animales, y está bien para establecer un equilibrio, pero la indisciplina de los hijos es el reflejo que aún las mismas leyes avalan y limitan el derecho de los padres en dar las directrices de la formación de sus hijos. La confianza mutua en la sociedad se genera cuando todos vivimos y respetamos los derechos de los demás.

Esto solo es posible cuando tenemos un valor puro de reconocer su propia identidad y no permitir ser manipulado. Solo el que tiene respeto por sí mismo sabrá practicar este valor, pero es duro que las generaciones presentes se están perdiendo. Mientras los padres migran y dejan a sus hijos se olvidan de su propia herencia en el presente, ya que esos hijos no tendrán a alguien que les enseñe el respeto.

El respeto, además de ayudar a la coexistencia, sirve como ejemplo a las próximas generaciones, ya que la autoestima se incrementa y desarrolla y se logran admirar las cualidades del prójimo. Es tiempo de que volvamos a esa práctica de vida. El respeto es ganado, pero también se construye. “No puedo concebir una mayor pérdida que la pérdida del respeto hacia uno mismo”: Mahatma Gandhi.

La historia refleja la vida de una mujer sabia y prudente que se había casado con Nabal, que era un insensato; pero ella se presentó al rey David, y él le respondió: “Y recibió David de su mano lo que había traído, y le dijo: sube en paz a tu casa, y mira que he oído tu voz, y te he tenido respeto”: 1 Samuel 25:35 RVR60.