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Tecnología, ¿hasta dónde?

Desde la creación el hombre necesitó inventar para subsistir. Utilizó el ambiente para crearse condiciones de vida más fáciles. La historia es testigo.

La utilización del fuego por el Homo erectus hace aproximadamente un millón de años. La rueda en el año 3500 a.C. La escritura en la Mesopotamia del año 3000 a.C. La imprenta por Gutenberg en la Europa de 1450. El teléfono de Graham Bell, en 1876. La bombilla incandescente de Thomas Edison, en 1879. El automóvil por Karl Benz, en 1886. La línea de montaje de Henry Ford en 1908. El descubrimiento de la penicilina por Alexander Fleming en 1928. La Internet creada por el Ejército de los EUA en los años sesenta.

En esta era moderna, los descubrimientos e invenciones han sido más diversos, en mayor cantidad y más sofisticados. Lastimosamente en muchas ocasiones la creatividad y la moralidad no han ido de la mano, y no se han cumplido los ideales de inventar. Tal vez lo más importante y preocupante es que la tecnología ha puesto al alcance de niños y jóvenes, por medio de Internet y celulares, de los horrores que esta civilización promueve en redes, música, películas, tales como pornografía, violencia, degradación de la mujer, del acto sexual, y desprecio por los estándares. Eso nos pasará la factura y nos destruirá. Hay límites que no deben transgredirse.

Y ahora el planeta se rinde ante la inteligencia artificial (IA). Estamos en la cúspide de la creatividad. Es la inteligencia llevada a cabo por máquinas que son capaces de imitar las funciones cognitivas de la mente humana, como percibir, razonar, aprender, y resolver problemas. Los sistemas de IA actualmente son parte de la rutina en campos como la economía, la medicina, ingeniería y la milicia.

Poco a poco, las máquinas, los robots, están llenando el panorama en todas las actividades. Lo vimos primero en las películas. Realizan acciones que los humanos realizan. Y no se cansan, no van al baño, no piden vacaciones, no se embarazan, y no representan una responsabilidad laboral. Indudablemente sustituirán personas en sus puestos de trabajo. Las beneficiadas serán las grandes compañías, ya que tendrán menos obligaciones económicas.
¿Y el humano entonces? El humano quedará relegado a un segundo plano, será sustituido por las máquinas que creó para hacerse la vida más fácil.

Ya es hora de replantearse el objetivo de la tecnología, de analizar los efectos colaterales que causa. Tenemos que aminorar el paso, ver hacia los lados y descubrir qué nos está produciendo este exceso. Es momento de escoger aquella que no atentará contra la forma de vida humana.

Como bien lo expresó Stephen Hawkins: “A menos que aprendamos a prepararnos para los riesgos potenciales y a evitarlos, la inteligencia artificial podría ser el peor evento en la historia de nuestra civilización”.