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Pensarnos de otra forma

La autocrítica es necesaria y saludable, tanto para los individuos, como para las sociedades; sin embargo, ¿dónde encontramos los límites de la objetividad?, ¿cuándo nos ganan los paradigmas? Reconocerlo siempre será una tarea difícil. Ser objetivos parece una aspiración, algo poco probable de lograr, pero hay que hacer el intento por librarnos de las ataduras que suponen los prejuicios, es decir, las ideas preconcebidas.
Esta semana, por televisión tuve la oportunidad de escuchar a un joven que participó en una feria de empleo para personas con discapacidad, como parte del Programa Incluirse, que impulsan la Fundación Hondureña de Responsabilidad Social Empresarial, Fundahrse, y Unidos por la Justicia, con el apoyo de la Agencia de Cooperación Internacional de los Estados Unidos, USAID, en Honduras.
El joven, con una fluidez verbal y una claridad de ideas poco frecuente, exponía su opinión sobre la inclusión laboral de personas con discapacidad.
“No somos un diagnóstico”, fue la frase que quedó grabada en mi memoria. Su discapacidad física realmente no representaba ninguna barrera para su excelente desempeño frente a la cámara. Quizás los mayores obstáculos se encuentren en prejuicios, como “no va a poder” o “no estamos preparados”. La única forma de vencer poco a poco esas ideas que solamente contribuyen a la exclusión, es a través de la información, que genera conciencia. Se requiere trabajar con las empresas para lograr una mayor inclusión laboral, pero también con la comunidad, para generar una cultura de inclusión.
De acuerdo, hay barreras que lamentablemente hemos impuesto casi sin darnos cuenta: dificultad de acceso, escasez de ramplas, irrespeto a los lugares señalizados, entre otras; pero el peor problema puede ser la indiferencia.
Un día después, en un evento organizado por la organización Glasswing y Jóvenes Constructores, escuchaba el testimonio de un joven que recién había terminado su programa de desarrollo de habilidades para el trabajo. Él mencionó que había descubierto lo que era capaz de lograr y de manera especial, a creer en él mismo.
En ambos casos, una persona con discapacidad y otra en riesgo de exclusión por su lugar de origen: ambos en busca de empleo, me dieron una gran lección: tenemos que pensarnos de otra forma, no desde las limitaciones, sino desde las oportunidades.
Como nación, tenemos que reconocer que hay situaciones que debemos afrontar, que hay muchos problemas grandes que requieren soluciones urgentes; pero también tenemos que buscar la actitud con la que vamos a hacerles frente. Por supuesto, no se trata de proponer un optimismo falso, sino de darnos cuenta que a pesar de los diagnósticos que tenemos como sociedad -pobre, excluyente, decadente, corrupta, ignorante- está en nosotros mismos la capacidad de recuperarnos.
Debemos pensarnos diferente, desarrollar esa capacidad de creer en que es posible cambiar, en que cada uno tiene su cuota de responsabilidad en la construcción de ese país que soñamos. Creer y confiar en nuestras propias capacidades como nación, pasan por reconocer nuestras debilidades, pero también nuestras fortalezas. Tenemos una importante motivación: hay un país que debemos recuperar. Honduras es mucho más que frustraciones.
Éste puede ser también un país renovado, si aprendemos a pensarnos de otra forma y de manera especial, a actuar diferente, como individuos, como grupos, como organizaciones y como nación. ¿Por dónde comenzar? Quizás la primera tarea sea responderse: ¿cómo se ve usted mismo?