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Hermana Tierra

En Fonte Colombo escribió Francisco la regla definitiva y, quizá, algunas estrofas del Cántico de las Criaturas, que terminaría en Asís, ya casi ciego y cercano a su muerte. Esta bellísima poesía, no está dedicada a honrar a la naturaleza, como si fuera un himno pagano. Es una alabanza a Dios por todo lo que Él ha creado, incluida la muerte. Dios es siempre el objetivo final. La fraternidad que expresa el santo con todo lo creado, se debe precisamente a que todo, incluso el ser humano, ha salido de la mano amorosa de Dios. A todo llama “hermano” o “hermana”, pero no invita a nadie, excepto al hombre, a alabar a Dios, porque sabe que no son personas que puedan hacerlo. Es verdad que, cuando se refiere a la tierra, le llama “madre”, pero también a esta le antepone el apelativo de “hermana”. Es la “hermana madre tierra”, una criatura de Dios, y no la diosa Gea de los griegos o la diosa Ceres de los romanos.
¿Y qué tiene que ver esto con el Sínodo de la Amazonía? Pues que nada más ajeno a San Francisco que deificar la naturaleza -lo cual va implícito en un concepto pagano de la “pacha mama”, la “madre tierra”- y, muchísimo menos, hacer de ella una fuente de revelación. La naturaleza es nuestra hermana y debemos cuidarla como tal, en lugar de abusar de ella y llevarla al borde de la extinción. Pero no es Dios, ni tampoco son dioses los hombres, ni sus culturas, ni sus costumbres. Solo Dios es Dios. Solo a Él debemos adorar, servir y amar. Es por Él que debemos hacer todas las cosas, incluido el amor al enemigo, el servicio a los pobres y el cuidado de la naturaleza. Si las piedras, los bosques, los ríos, una hermosa puesta de sol o una aterradora tormenta nos dicen algo, es que hay Alguien que nos ha creado, al que le debemos obediencia y amor, y que ese Alguien, que es la infinita sabiduría, ha hablado de forma plena, no por boca de las cosas y ni siquiera de los hombres, sino por boca de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.