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Globalización sin EUA

Hay un nuevo fenómeno mundial que ha recibido poca atención de los medios estadounidenses, pero que puede tener un gran impacto en el futuro: se trata de “la globalización sin Estados Unidos” o la “globalización del resto del mundo”.

Mientras el presidente estadounidense Donald Trump se retiró de algunos de los acuerdos más grandes del mundo –como el gigantesco tratado comercial transpacífico (TPP) de 12 naciones y el Acuerdo Climático de París de 195 países– y ha anunciado aranceles contra productos europeos, canadienses y mexicanos, el resto del mundo está firmando importantes acuerdos comerciales que están pasando por alto a Estados Unidos.

Veamos algunos de los más recientes acontecimientos del comercio mundial:El 28 de junio, la Unión Europea (UE), de 28 países, firmó un histórico acuerdo de libre comercio con el bloque Mercosur de América del Sur, compuesto por Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. El tratado se negoció durante 20 años. El acuerdo incluirá a más de 780 millones de personas y, bajo varios criterios, será el tratado comercial más ambicioso de ambos bloques. En virtud del acuerdo, los aranceles se reducirán en un total de US$4,500 millones al año.

Irónicamente, EE.UU. intentó firmar un acuerdo de libre comercio hemisférico durante dos décadas, desde la Cumbre de las Américas de 1994, pero el plan fue rechazado por Argentina en 2005 y ha sido archivado. El gobierno de Trump no ha planteado reflotar la idea de ningún acuerdo comercial regional con Sudamérica. El año pasado, después de que Trump se retirara del TPP, los otros países signatarios firmaron el llamado acuerdo TPP-11, sin EE.UU. Este incluye a Japón, Australia, Vietnam, Singapur, México, Chile y Perú. China e India están negociando activamente la llamada Asociación Económica Integral Regional (RCEP) con otras 14 naciones asiáticas, que podrían convertirse en el mayor bloque comercial del mundo.

Mientras todo esto ocurre, Trump está adoptando un obsoleto nacionalismo proteccionista. Ha dicho que “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”, algo que la mayoría de los economistas consideran una estupidez mayúscula.

A mediano y largo plazo, las guerras comerciales de Trump provocarán más represalias de otros países, harán caer el comercio internacional, perjudicarán a los exportadores estadounidenses y harán que los consumidores de EE.UU. paguen más por la mayoría de los productos que compran. Es posible que las tarifas de Trump hagan que algunas fábricas regresen a EE.UU., pero probablemente no crearán más empleos –como cree Trump–, sino que serán operadas por robots. Los robots son cada vez más inteligentes y más baratos.

Trabajan tres turnos seguidos y no piden aumento de sueldo.

En lugar de tratar de traer de vuelta trabajos poco calificados que se hacen más eficientemente en otros países, Trump debería ayudar a crear empleos en EE.UU. en inteligencia artificial, robótica, impresoras 3D, diseño industrial y otras ocupaciones altamente calificadas.

Es cierto que EE.UU. sigue siendo la economía más grande del mundo, pero la globalización sigue adelante a pesar de Trump y el proteccionismo obsoleto de este solo hará que el país se quede más aislado y sea más débil.