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Menos y mejor

El Congreso Nacional de nuestro país está constituido por 128 diputados propietarios e igual número de suplentes. El pago mensual de sueldos es una suma alrededor de los 15 millones de lempiras, entre ambos grupos. Aparte de esto, los diputados tienen otros beneficios como ser gastos de transporte, movilización, hospedaje y viáticos. Y los propietarios reciben un seguro médico internacional.

Y, ¿qué obtiene a cambio el pueblo hondureño que los eligió? Muy poco. En términos de producción legislativa están en deuda. No hay producción de leyes en beneficio del país. La mayor parte de lo aprobado tiene que ver con intereses de partido.

Escasos los diputados que se rebelan al mandato de sus bancadas y deciden votar por la hondureñidad. Escasa producción inteligente de proyectos legislativos ya que en muchas ocasiones se han planteado proyectos a la Cámara que causan hilaridad por ilógicos, insulsos y disparatados.

En términos de colectividad, los señores diputados nos muestran la otra cara. En campaña política pidieron el voto para legislar en beneficio de sus comunidades, y ya electos en el Congreso lo hacen para sus partidos políticos y actúan con un completo desdén por sus representados.

Dejaron a Dios por el diablo. Se olvidaron por conveniencia a qué llegaron allí.
En los últimos años, además, se ha descubierto lo que era un secreto a voces desde hace muchísimo tiempo. Manejo inadecuado de fondos asignados. A todo esto hay que agregarle el ausentismo marcado a las sesiones, y que persiste a pesar de los llamados al orden con la amenaza de rebajarles del sueldo los días faltados. Y en el otro aspecto, en el de ser ejemplo de conducta, de honorabilidad, de imagen, para los niños, los jóvenes en formación, para el pueblo, definitivamente patéticos.

Allí se les olvidó todo ápice de decencia y buenas costumbres. Han convertido el Palacio Legislativo en un mercado. Irrespeto, desorden, pitos, pancartas, gritos, pleitos, golpes, fajazos, quema de la Constitución, y lo último, quema de cohetillos allí dentro en plena sesión, a pesar que está prohibido hacerlo en el país. Vulgaridad exportada internacionalmente por los medios. Han avergonzado al país.

En términos generales podemos decir que su ejecutoria es menos que aceptable. No justifican la confianza depositada ni la inversión económica. Pero también es justo reconocer que hay excepciones escasas que se comportan dignamente y honran su investidura. No podemos seguir gastando el presupuesto del país en esto.

Con un cuarto de los diputados actuales se lograría lo mismo. Debemos iniciar una campaña para disminuir el número de ellos. Es una iniciativa justa, lógica y decente. Y debemos llevarla a cabo nosotros ya que los políticos no lo harán nunca. Que sean menos y de mejor calidad. Pocos, pero escogidos. Que enorgullezcan. Esa debe ser nuestra aspiración.