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El Amazonas en Alemania

Estamos ya acostumbrados, por desgracia, a que los Instrumentum laboris de los sínodos sean polémicos, aunque luego lo que se apruebe no sea tan malo como se prometía.

Quizá sea una estrategia bien planeada: se amaga con lo peor y así es más fácil que la oposición acepte cosas que no hubiera aceptado, conformándose con que el desastre no haya sido tan grande.

En este caso, lo que ha llamado más la atención es la posibilidad de ordenar hombres casados para atender a las comunidades que viven en sitios alejados y que, según indica el Instrumentum, reciben la visita del sacerdote cada dos o tres años.

El hecho de que existan en la Iglesia católica ritos donde hay este tipo de sacerdotes -el rito oriental y el de los exsacerdotes anglicanos- significa que eso es posible, con las debidas condiciones y limitaciones. Pero el problema no es ese y a nadie se le hubiera ocurrido alarmarse si solo se tratara de eso.

El problema es que se sospecha que esa aceptación de los sacerdotes casados en casos excepcionales y en lugares muy concretos, se generalice a otros países y a otras culturas. Los alemanes ya han anunciado que procederán a ello, diga lo que diga el Papa. Por lo tanto, se estaría utilizando como excusa para favorecer a los alemanes, la grave dificultad que tienen algunas zonas de la Amazonía para ser evangelizadas.

Es, como sucedió con el aborto, la apertura de un resquicio en la puerta, que servirá para que esta se abra de par en par más tarde.

Sin embargo, con ser esto preocupante, hay cosas aún peores en el Instrumentum laboris. Para entenderlas hay que remontarse a 1989, a la caída del Muro de Berlín y al posteriordesmoronamiento de la Unión Soviética.

Los grandes promotores de la Teología de la Liberación de inspiración marxista se quedaron, de repente, sin paradigma, sin modelo, sin “paraíso en la tierra”.