Más noticias

Altas temperaturas

Las naciones sucumben ante las altas temperaturas que asedian día y noche nuestro mundo. El calentamiento global, fenómenos como La Niña y El Niño, el descongelamiento de los polos y la abertura de la capa de ozono son manifestaciones que muestran el gemir de un planeta muy mal administrado por el hombre.

Nuestro país también vive la decadencia absoluta de su medio ambiente, somos expertos en talar y descombrar bosques enteros y unos neófitos en sembrar siquiera un árbol. Todo el ecosistema percibe la mano criminal del hombre, que inmisericorde no se apiada de los recursos naturales.

Esos horribles fogajes también tienen aplicación en la vida política, económica y social del país: un aciago Congreso Nacional que insiste en desprestigiarse cada vez más con leyes y decretos que cercenan el futuro del país, un nuevo Código Penal que limita la libertad de expresión y disminuye penas para delitos graves para la sociedad, intentos serios de privatizar la educación y salud y un plan malévolo de ratificación de los magistrados electorales para aplicar las curvas rurales nuevamente.

El horno está que arde con las manifestaciones diarias del pueblo, que está llegando al cansancio, ya que no encuentra fuentes de empleo, siendo despojado de toda seguridad ciudadana en las calles, asaltado con impuestos gubernamentales que ahogan todo intento de los emprendedores, con la canasta básica en la estratosfera y, por si esto fuese nada, también aparecen los altos costos de la energía, que electrocutan el bolsillo de los obreros.

El enfriamiento y la nueva primavera solo vendrán cuando se apague el fuego de quien lo produce y se regrese al Estado de derecho, esto rescatando las instituciones del Estado fallido, tratando de salvar la democracia, que en nuestro país ya se quemó en la hoguera de la corrupción. Solo sembrando justicia tendremos paz; hasta que el árbol del derecho y la ley sea respetado y no cortado es que volveremos a ver los paisajes del desarrollo y el progreso.