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En tinieblas

Honduras se encuentra en las penumbras del subdesarrollo, las sombras y crepúsculos son cada vez más intensos y aparentemente opacan toda luz de esperanza de tener una nueva aurora que destelle alegría y felicidad para los hondureños.

El estado fallido se ha encargado diligentemente por medio de la Enee y de la EEH de recordarnos a diario de la fragilidad de nuestras instituciones que han sido carcomidas y apagadas por la burda corrupción. Sin ninguna competencia y con millones de abonados, las empresas aludidas son un reflejo de la negligencia para servir, y de la voracidad para cobrar.

Así que las densas tinieblas se manifiestan por doquier dejando en oscuridad todo lo que medio vemos y palpamos a nuestro alrededor: economía debilísima que es apagada por los estratosféricos niveles de corrupción gubernamental, inseguridad ciudadana que aterroriza de manera cotidiana en nuestras calles y plazas, sistemas de salud y educación en grave riesgo de ser privatizados, ausencia absoluta del Estado de derecho, entre otros.

Las antorchas deben alzarse aún más alto hasta que la fuerza de su luz irradie la senda a transitar y se disipe poco a poco la lobreguez que insensibiliza y que adormece. Es tiempo de levantarse y resplandecer hasta que el sol de la mañana prorrumpa con fuerza en nuestra historia.

La senda de los justos (de los que hacen y aman la justicia) es como la luz de la aurora que va en aumento hasta que el día es perfecto; así que solo con ciudadanos comprometidos es que podremos salir de este túnel que parece demasiado largo en la noche ignominiosa del atraso y de la pobreza extrema que roza el 67% de la población.

Es tiempo que los guerreros de la luz asuman el compromiso ineludible con el futuro de la patria; nuestros hijos y nietos merecen que la nación venga a la luz del desarrollo. Encendamos el foco.