Más noticias

PAÍS BAJO FUEGO

En La Ceiba y otras poblaciones de la zona caribeña se ha centrado la atención, por la gravedad de los apagones, pero las protestas en sectores de San Pedro Sula también han hecho sentir el malestar, pues la evidencia está a la orden del día y, sobre todo, de la noche, cuando la oscuridad hace desaparecer hasta las sombras y en estas honduras tan violentas la vida “vale” mucho menos. Nos hemos referido al tema y, claro, con gran ironía hemos señalado las causas identificadas por funcionarios y empresarios que apuntan a los abonados, a los que se les advierte que el mayor consumo, en esta época, es sinónimo de inmediato e inocultable racionamiento por medio de cortes de energía no avisados.

La semana pasada en la Capital Industrial se seleccionaron horas y zonas para compartir el trago amargo de los apagones que obligaba al que podía a dejar la casa, la oficina y buscar en un centro comercial o cafetería el ambiente propicio para seguir trabajando, pues la tecnología no se encierra en cuatro paredes o escritorios, que se convierten en límites del infierno para las personas. ¿Seguiremos en lo mismo? La promesa, al momento de redactar la columna editorial, es haber dado solución, no solo haberla hallado, para el domingo, Día de la Madre, y que “200,000 abonados no sufran ya por apagones”. Pequeña la cifra en esta ciudad, pero bueno... si no hay más remedio habrá que confiar, pero, eso sí: aquello del rescate y la recuperación con nueva empresa resulta fiasco y fantasma.

En el litoral atlántico va para más largo y los cálculos en cuanto al tiempo no cuadran con las necesidades y muchos menos con las justas exigencias de los empresarios y de las familias, pues habrá soluciones, paliativos, dicen empresarios, en quince días. Otras fuentes de energía “lo fían más largo”, 30 días, y para los afectados de Olancho el consuelo es un proceso de licitación que todavía está en “proceso”. En cuanto pasen, sin embargo, las presiones de las altas temperaturas volverá a aparecer la política del silencio y del olvido y con un “adiós verano” vuelven a la tranquilidad, “descanso” por lo agitado del fastidioso período veraniego.

Y desgracidamente con el malestar y las protestas de los apagones no hay quien asuma responsabilidades por los daños ocasionados a las empresas, a los negocios y a los hogares. Los ejecutivos, rectores de la política energética, seguirán ufanos, pendientes, eso sí, de la revisión trimestral de las tarifas, de la recuperación de la Enee, cada vez con mayores deudas, de la disminución de las pérdidas, utopía reflejada en un oneroso contrato. El próximo año no faltará el verano. ¿En la Enee y EEH tampoco los apagones?