Más noticias

Ejemplo a seguir

Este es un testimonio de Paulina Sotomayor, licenciada en Ciencias Religiosas, y se los presento como un regalo para el Día de la Madre por su sencillez y grandeza de corazón.

Un pequeño maletín, solo dos saris (vestido típico de la India) y una libreta para notas fue el equipaje con que llegó al aeropuerto de Santiago la madre Teresa de Calcuta en 1982.

Allí declaró: “Mi vocación es seguir los pasos de Cristo y poner por obra su Evangelio entre los pobres, sin hacer diferencia de razas, ideologías ni fronteras. La madre Teresa tenía una postura decidida frente a la dignidad de la vida, especialmente la defensa del niño no nacido, indefensos, en el vientre de su madre, sin voz para llorar y defenderse.

Nunca olvidaré la humildad, la sencillez y al mismo tiempo la fortaleza con que hablaba aquella pequeña mujer vestida con sari blanco cuando afirmaba: “No aborten a sus hijos, no destruyan la vida. Dénmelos a mí”.

Tras el encuentro con el Señor, ella fue capaz de dejar todo atrás. En Calcuta descubrió el rostro sufriente de Cristo en las personas abandonadas, en los enfermos, en los bebés recogidos de los basurales, a los que ella servía con un profundo gozo. Desde entonces y hasta su muerte, se entregó de corazón a Jesús y toda su vida fue como una irradiación del amor de Dios.

Esta experiencia fue un regalo, una oportunidad para amar de verdad. Me impresionó ver cómo las monjitas se acercaban a cada persona necesitada con una mirada compasiva llena de gozo y amor, pero sobre todo me conmovió profundamente cuando ellas acompañaban a un moribundo, brindándoles calidez, paz y alegría en sus últimos minutos de vida, siendo ellas el rostro del amor infinito de Cristo… regándoles un pedacito de cielo. Un gran testimonio personal.