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Insustituible

Al final del libro de Proverbios se encuentra una serie de dichos pronunciados por un tal rey Lemuel, del cual no se sabe más que su nombre (Proverbios 31), pero lo interesante de esos dichos es que realmente son un compendio de las enseñanzas que le dio su mamá.

Si las recuerda estando adulto es porque dichas instrucciones produjeron un enorme impacto en su vida. Fueron como guías en el camino que le permitieron llegar a forjar la personalidad adecuada para ser un buen rey.

Esto nos deja ver la importancia capital del rol de la madre en la vida de sus retoños. “¿A qué edad se debe empezar la educación moral de los hijos?”, preguntaron a un sabio. Este contestó: “Veinte años antes de nacer por lo menos, educando a sus madres”, fue la pronta respuesta.

Tiene razón, entonces, el poeta norteamericano William Wallace cuando en uno de sus poemas dijo que “la mano que mece la cuna es la mano que gobierna al mundo”. Meche López Miranda, explicando esta frase, indica acertadamente que “por diseño del Creador, las madres están posicionadas estratégicamente desde la concepción para nutrir al hijo.

En la tierra no hay otra relación tan cercana y tan incondicional como la que existe entre una madre y su hijo”, por ello toda mamá debe aprovechar cada momento, cada energía, en formar y educar adecuadamente a sus retoños para que puedan llegar a ser personas de bien. La maternidad no es algo que se deba tomar a la ligera ni desperdiciar.

En el caso de Proverbios 31, la madre de Lemuel realiza una acción fundamental: visualiza lo que quiere para su hijo en el futuro y trabaja desde su nacimiento en darle forma a esa visión, generando las experiencias, lecciones y ambiente necesarios para que se logre. Ser mamá, entonces, no es un título, sino un proceso, un día a día.

Feliz Día de la Madre, que Dios les dé la fuerza para seguir cumpliendo con valentía y excelencia tan fundamental e insustituible rol.