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Sol, arena y mar

En esta semana de asueto muchos disfrutan del sol, arena y mar. Millones más a lo largo del año sufren el sol ardiente de las carencias del desierto que atraviesan sin trabajo, sin salud, sin educación, sin seguridad, y sobre todo sin esperanza. Miles de hondureños naufragan en el mar de las deudas, allí se ven asediados por los tiburones que roban los recursos a granel, sin piedad abren sus fauces y con furia destrozan a través de impuestos groseros a los emprendedores que quieren salir a flote.

El Estado fallido pretende hacer creer que todo es una fiesta cuando todo es una farsa, los niveles de impunidad han llegado tan profundos en el océano que necesitamos submarinos poderosos para sacar toda la podredumbre que ha hundido el barco de este país.

Los combustibles por las nubes, la canasta básica cada vez más lejana, impunidad atroz, costos de energía eléctrica que electrocutan el bolsillo del ciudadano; en fin, un Estado carente de moral y autoridad para anunciar vida mejor cuando miles de compatriotas se ven obligados a huir como refugiados, ya que de 2014 a 2018 la pobreza extrema aumentó del 60% al 68% de la población.

Esperamos que un día no muy lejano el sol de justicia brille nuevamente con todo su esplendor en esta tierra, que la luz perenne haga desaparecer toda tiniebla y oscuridad de estas honduras que tanto amamos; un amanecer la arena del desierto terminará y entraremos a la tierra prometida venciendo los gigantes del camino; algún día el mar rojo de la corrupción se abrirá y pasaremos caminando por en medio, sin mojarnos y dejando atrás al faraón que se ahoga en las profundidades de la putrefacción. Mientras ese día llega seamos valientes para atravesar con gallardía este paramo árido que se sofoca en la injusticia y que en esta hora anhela ardientemente la manifestación de los hijos de Dios.