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Una buena amiga

Teresa Tenorio de Aristimuño nos cuenta de Franchesca, una joven alegre, de una exótica belleza física y espiritual, con estudios en Filosofía y Letras. A ella le encantaba escribir. Pero se convirtió en una escritora frustrada, debido a que cuando llegaba a una editorial a mostrar sus textos estos no eran leídos; todo esto motivado por la cantidad de autores que ya estaban delante. Pero ella seguía insistiendo con sus artículos, pues le encantaba escribir y lo hacía con devoción. Dejaba sus textos en muchas editoriales con la esperanza de que algún día la llamasen.

Pasado el tiempo, ya con su piel algo marchita por el paso de los años, le tocaron a su puerta. Era un caballero otoñal que andaba preguntando por la Srta. Franchesca. Ella le respondió con amabilidad, pero algo extrañada: “Soy yo, ¿qué desea?” “Soy el dueño de la Editorial Élite, una de las más prestigiosas de este país”, le contestó él. “Vengo a darle una buena noticia: su colección de cuentos y poemas está siendo publicada y leída por todo el mundo... Entre los escritos recibidos, ya con el papel amarillento, estaban los suyos, y cuando me puse a leerlos me di cuenta de lo maravilloso de sus textos, y me pregunté: ¿Por qué no los había leído antes? De esa forma supe que al salir a la luz pública iban a ser un éxito, como en efecto ocurrió. Y aquí estoy para conocerla personalmente y para dar a conocer a la autora de tan deleitosos escritos”.

No cabe duda que si nosotros no somos capaces de mantenernos inquebrantables en la prosecución de algo que hemos comenzado (llámese tarea, proyecto, sueño o propósito), no vamos a poder llegar a ningún lado nunca. Seremos incapaces de continuar avanzando, incluso, muchas veces, sin siquiera haber salido del punto de partida.

La perseverancia es ese aliento o fuerza interior que nos permitirá llevar a buen término las cosas que emprendamos sabiamente en el transcurso de nuestro trajinar. Hagamos uso de esta buena “amiga”, es seguro que no nos fallará.