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Casas sin gente

En la economía de mercado en el sistema capitalista, todo movimiento de bienes nos parece beneficioso, toda inversión financiera parece ser rentable; pero todos sabemos que no es así, ni lo uno ni lo otro.

Lo que todos sabemos es que, aparejada con cada inversión, vienen nuevos problemas, nuevas necesidades y desafíos que si no se saben atender oportunamente, crearán más problemas que los que resuelven. Con el tema de la construcción de viviendas, sean estas las tradicionales o las de moda, como los condominios o propiedad horizontal, no son la excepción.

Vivir en las alturas. Con esa idea en la mente se venden hoy los condiminios más lujosos de la ciudad, torres de gran altura que albergarán a una nueva generación que desarrollará otros gustos y no sabrá lo que es sentarse en un patio y tomar un café por la tarde; pero pocos se preguntan la gama de necesidades que traerán consigo estas nuevas formas de vivienda.

Porque es claro que estas edificaciones responden la manera de vivir de este siglo, pero también hay que tener claro que este siglo enfrentará también problemas nuevos que nunca antes se habían enfrentado en la dimensión de hoy o en la precariedad actual.

El problema del agua como lo está enfrentando la capital, es un punto que deberían considerar para el futuro estas edificaciones verticales, su suministro y su capacidad de surtirlo adecuadamente; otro es la cuestión de la capacidad del público para hacerse con uno de estos apartamentos, pues por todos lados se observa la edificación de nuevos condominios como también de nuevas lotificaciones y urbanizaciones, pero muchas de ellas sin albergar el número de clientes necesarios o deseados, por la falta de acceso de parte de los clientes.

Aunque ya se ven en el horizonte ideas de negocios que si bien es cierto abaratan los costos para acceder a un apartamento en condominio, a un nivel popular, sin los lujos y los detalles de los grandes condominios, vuelve la pregunta de si estas edificaciones populares responderán adecuadamente a sus residentes en los suministros de agua potable y otros servicios esenciales.

Pero nuestro punto es, que aunque existe disponibilidad de condominios y casas, de lo que no hay abundancia es de clientes que las adquieran, pues los niveles de ingresos todavía no responden en nuestro país a esos niveles de vida de otras latitudes donde pagar una casa o un apartamento es parte de un presupuesto, no fruto de un imposible como en Honduras.

Mientras no se mejore la capacidad adquisitiva de los hondureños, el problema seguirá siendo de acceso no de disponibilidad y no nos extrañe que pasemos de un extremo al otro como nos pasa sin sobresalto en muchos temas, que de gente sin casa, pasemos a casas sin gente.