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El encanto de lo simbólico

Hace algún tiempo, una noche cualquiera, tuve la oportunidad de ver una película llamada Taking Chance, basada en una historia real y que fue estrenada en 2009. Narra el protocolo y los honores que se le hacen a los cuerpos de los soldados caídos en acción que regresan a EUA. Desde el momento que son enviados del lugar de su muerte hasta su recepción y preparación en un edificio especial de las fuerzas armadas diseñado para este menester y posterior entrega a sus familiares en cualquier parte del país, son custodiados por un escolta.

El film es rico en simbolismos. Exalta en el honor y el respeto que se le brinda a un caído en acción y a su escolta en ese viaje final de regreso a casa. Inspira en el espectador sentimientos sublimes y llena el alma de una sensación de bienestar, calma y de armonía que nace de ver acciones llenas de protocolo en honor póstumo a un ser humano. Qué bueno sería que nuestras vidas estuvieran llenas de ese tipo simbolismo enriquecedores. Probablemente el mundo sería distinto. Más amigable. Probablemente hubiera menos lucha por sobrevivir, menos drama cotidiano, menos competencia, menos violencia, menos deslealtad, menos deshonestidad, menos de todo lo que nos ha hecho impersonales y fríos.

Y me refiero a simbolismos como aquellos actos que realizamos consciente o inconscientemente para representar hechos o ideas, que tienen la capacidad de hacernos sentir buenas personas. Actos tan sencillos como saludar, ser corteses con todas las personas especialmente mujeres y ancianos, dar las gracias, ser gentiles, utilizar un lenguaje apropiado, los ademanes correctos, ceder el paso a los peatones, hasta actos más elaborados como asistir a una iglesia, orar al despertarnos y acostarnos dando gracias por la vida, o meditar. Me refiero a los simbolismos que enriquecen el alma. Que sirven para conectarnos con esa parte genuina y buena que llevamos dentro. Por eso nos hacen sentir bien. Porque nos recuerdan de dónde venimos y lo que somos.

Nuestro diseño original incluyó la percepción innata de una chispa divina dentro de nosotros. Fuimos creados con una orientación clara a la bondad, el amor y la solidaridad. A expresar nuestras vidas de una manera sencilla y honorable. En el camino de la evolución a la vida adulta fuimos dejando todo esto en el asiento trasero y colocamos al volante a la envidia, la avaricia, la vulgaridad, el desdén por los demás, la necesidad de ser importantes, la avidez por el dinero y todo lo que puede comprar. Nos doblegamos al placer y la futilidad.

Taking Chance es un film que retrata el honor. De un país hacia un soldado caído en batalla. Es una película que utiliza los simbolismos a la perfección. Nos deja una sensación de sanación. De bienestar interno. El agradecimiento por la vida propia, la compasión por el prójimo, el reconocer los ejemplos de otros, el servir desinteresadamente, el desprendimiento. Fue una buena noche esa. Fueron 77 minutos de película, espléndidos. Me dejó una sensación extraña, agradable.