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Seguridad de infraestructura vial

En Honduras carecemos de muchos sistemas de supervisión adecuada de las obras de infraestructura pública, un tema en el que prácticamente el país no camina, así como en el tema de mantenimiento de las obras públicas.

El Estado, incapaz de hacerlo, prefiere concesionar las obras públicas, pero aun así el tema de la supervisión, sobre todo en la infraestructura de carreteras del país, es inexistente. No podemos dejar de lado el buen estado en que se encuentra la carretera CA-5 hacia la capital, pero tampoco podemos dejar de hacer notar que hay cosas demasiado obvias en dicha estructura vial que, según los entendidos, han provocado muertes y que siendo tan obvias como a quienes son conocedores del tema no debieron ser edificadas de esa manera o al menos debieron tomar las precauciones necesarias para evitar la pérdida de vidas humanas. Nos referimos a las casetas del peaje en el sector de Santa Cruz de Yojoa.

No es la primera vez que alguien comenta que la construcción de esas casetas definitivamente no se hizo planificadamente por el desnivel hacia abajo que tiene el terreno.El accidente que se suscitó últimamente en ese peaje del sector de La Barca ya había sido descrito por los entendidos y no es el primero que se da en circunstancias parecidas a este último.

Todos parecen coincidir en dos sentidos: el primero, en una falla mecánica de los vehículos involucrados en los accidentes, y el segundo, en que el nivel del terreno, por un lado, permite exceso de velocidad y, por otro, tampoco permite buscar opciones hacia un lado del terreno cuando se presentan desperfectos mecánicos en los vehículos que vienen en bajada.

Ya van varias muertes que se dan en circunstancias similares en ese peaje, y todos aducen la misma causa: falla mecánica e imposibilidad de detener un vehículo por el terreno en que está construido ese peaje. Es vox populi que no hay que ubicarse en el último carril del peaje viniendo de la capital, y parece cierto. Hay cosas demasiado claras para cualquier inexperto, pues todos los accidentes han sucedido en esa vía, viniendo de Tegucigalpa, y ninguno se ha estrellado contra las casetas del peaje yendo de San Pedro Sula a la capital.

La autoridad escucha, el pueblo se queja y lo único que queda es en el dicho popular.
Nadie responde, nadie de seguridad, nadie supervisa. En general, las obras de infraestructura vial en nuestro país no reciben una supervisión periódica y permanente, como todo lo que se hace aquí, el Estado paga y se olvida de lo que pagó, no hay una entidad técnica lo suficientemente profesional que pueda dar una supervisión a las obras de infraestructura vial que se construyen en el país que pueda determinar lo que se hizo bien, lo que está bien planificado y lo que puede representar un riesgo para la vida de los ciudadanos.

Las muertes siguen sumando y nadie parece entenderse del problema. Será que nadie va a hacer nada, que todo seguirá como leyenda urbana y lo único que nos queda a los ciudadanos es hacer nuestros propios cálculos y evitar la pérdida de más vidas solamente haciendo cálculos de buen cubero.