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Hasta que la muerte nos separe

Estoy más que consciente que no siempre dos más dos son cuatro, que hay sumas que no salen... que hay hombres y mujeres que han puesto los medios necesarios para que su relación conyugal funcione armónicamente y les reporte alguna cuota de felicidad; pero que cuando el yugo no se lleva con el equilibrio indispensable y uno de los dos no hace el esfuerzo requerido para jalar con la misma fuerza y parecido entusiasmo, el otro se cansa y termina por darse por vencido. He conocido sobre todo mujeres heroicas que se han entregado con generosidad plena y que han recibido de vuelta soberbia, indiferencia, aires de superioridad, humillaciones... y que, naturalmente, se han hartado y han optado por recuperar su dignidad.

Pero también estoy convencido de que, a menos que él o ella hayan actuado con malicia, con maldad, con cinismo, cuando un hombre y una mujer se casan lo hacen pensando en establecer un pacto, muchas veces poniendo a Dios, a la familia y a los amigos como testigos, estable, permanente, duradero, al que solo pondrá fecha de caducidad la muerte misma.

Desde que comenzó febrero, e incluso antes, los comercios nos han recordado que mañana es Día de los Enamorados, o del Amor y la Amistad, para tener más gente a la que regalar y así gastar un poco más. Y pocos son lo que podrán escaparse de felicitar a alguien, de dar un buen abrazo, de entregar un regalo, porque mañana es el día de los corazones, los chocolates, los ositos de peluche y las flores, por lo menos.

Claro que el san Valentín histórico poco tiene que ver con el “valentine” gringo, pero el mundo entero, incluso en países en donde la celebración está oficialmente prohibida, se ha contagiado y aprovecha hoy para festejar el amor, para destacar también el cariño de amistad, los buenos sentimientos que se generan entre dos seres humanos.

Pienso que, aunque hay algún amargado que opine lo contrario, hay que sacar provecho de la ocasión, que nada de malo tiene manifestarle particularmente hoy la buena voluntad a la novia, a la esposa, a los colegas, a los amigos. Que los dueños de negocios, los venderles de flores y los propietarios de restaurantes obtendrán mucha ganancia, da igual. Lo importante es que abandonemos la habitual rutina, que hagamos un paréntesis en el día a día y que miremos a los ojos a los que queremos y se lo hagamos saber.

En el caso de los que llevamos más de veinte, treinta o más años de casados sepamos agradecer, sepamos reconocer la paciencia, la generosidad, la entrega, la resiliencia del o de la que nos ha dado sus mejores años y aspira estar a nuestro lado cuando llegue la muerte e inexorablemente no separe.