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Dobles discursos

En el ejercicio de la política vernácula y global, las mentiras y el doble discurso son el pan cotidiano que nuestros gobernantes se han acostumbrado a manipular con el fin de conseguir sus objetivos personales.

Por ejemplo, en materia de migración, la doble moral es asombrosa: en Estados Unidos, el presidente Trump lucha por construir un muro para contrarrestar la inmigración ilegal y con dicho discurso pretende apagar las intenciones de miles de centroamericanos que se forman en caravanas; pero a la vez dichas caravanas le dan arsenal de sobra para mantener en vigencia sus absurdas políticas xenófobas.

Dicen “no vengan”, pero la mano de obra de los ilegales es la más barata en construcción y agricultura en Estados Unidos. A los inmigrantes les pagan lo que el patrón quiere y, lo mejor, les hacen pagar impuestos. Y desde este lado de la frontera, nuestros débiles países gritan a sus conciudadanos que no se vayan, pero las políticas fallidas de seguridad, salud, educación, empleo los empujan a huir de la pobreza.

Les dicen que no emigren, pero a la vez hay un interés supremo en que lo hagan, pues las remesas que envían mensualmente generan divisas extraordinarias al país en materia económica. Penosamente producimos inmigración ilegal, y ese es el negocio redondo para las economías como las nuestras.

Solamente creando reales condiciones de desarrollo y de bienestar social las personas no emigrarán, de otra manera, los flujos migratorios seguirán siendo parte del escenario de la comunidad internacional.

En 2014, el índice de pobreza extrema en Honduras llegaba a 60%; la cifra para el año 2018 llegó al vergonzoso 67%, así que el estado minado de corrupción no tiene voz moral para decir “quédense”, para quienes han perdido la esperanza de encontrar su norte en estas honduras.