The Eagles

Fue en la víspera de cumplir cincuenta años, en el 2009. Pude llevar a cabo uno de mis más preciados deseos de juventud. Estar en persona en un concierto de la banda musical de mis preferencias, The Eagles. Se conjuntaron una serie de situaciones para que eso fuera posible. Que ellos aún siguieran tocando después de tantos años, y que yo mantuviera ese deseo y fuera capaz de llevarlo a cabo.

Viajé a los EUA a dicha presentación acompañado de cuatro amigos que gustan de esa música igual que yo, pero que además tuvieron la complicidad de hacerlo para celebrar mis 50 años. Mi agradecimiento por siempre para ellos por ese gesto.

Valió la pena hasta el último segundo que duró el concierto. Estuvimos en cuarta fila. Nada mal para disfrutar hasta el último detalle. Pudimos ver a ese grupo de hombres muy maduros ya interpretando la música de toda una generación, con el mismo impulso y sentimiento que en sus inicios. Tocaron desde 1972 hasta el fallecimiento de Glenn Frey, uno de sus fundadores, en enero del 2016, aunque se separaron durante 14 años por discrepancias de grupo. Irónicamente desde que se reunieron nuevamente en 1994 su éxito fue mayor que en la década de los 70 cuando iniciaron en Los ángeles, California.

Su música continuará deleitando a muchas generaciones porque representó un género fresco de country rock y folk rock, identificado con la época que estaban viviendo. La letra de sus canciones, aunque en su mayoría eran baladas de amor, siempre se dieron el espacio para alzar la voz en pos de la paz como en el caso de la guerra de Irak y el fatídico septiembre 11, o por causas a favor del medioambiente. Siempre abogaron en sus letras por un mundo mejor. Su lírica y su música fueron de un gusto y armonía insuperable.

En 1976, cuando a la sazón yo contaba con 17 años e iniciaba mis estudios universitarios en el campus de la Unah de Tegucigalpa donde había tenido que trasladarme, ya que la carrera que había escogido no la impartían en mi natal San Pedro Sula, una de sus canciones ( Lying eyes) empezaba a sonar en las radios y desde el principio y hasta esta fecha se convirtió en mi preferida. En esos duros tiempos esa melodía me brindó el espacio para soñar con un futuro mejor. Me adelanto en el tiempo a ese lugar al que quería acceder como la vida que quería tener.

Esa noche en ese concierto, viendo hacia atrás el camino transitado, no pude menos que sentirme satisfecho.

Estaba frente al grupo que me había inspirado en el momento crucial a seguir mis sueños. Estábamos allí 40 años después ambos en mejores condiciones que antes. Ellos en esa trayectoria habían acumulado todos los galardones posibles, incluyendo la incorporación al Salón de la Fama del Rock. Y yo con la vida que había soñado en esos difíciles tiempos de la vida universitaria. Indudablemente como siempre lo he expresado, el tiempo confabula a favor nuestro si se hace buen uso de el. Y como lo expresó en 2013 Don Henley, vocalista y fundador del grupo, el óxido en el exterior (aduciendo a la edad) representa todas las millas recorridas, la experiencia acumulada y el buen trabajo realizado.

Así es la vida. La disciplina, el esfuerzo, la perseverancia y la tenacidad siempre rinden sus frutos, en la actividad que sea. Solo hay que hacerlo.