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Un viaje histórico

Pasan tantas cosas, no digo en una semana sino a veces en un solo día, que resulta difícil elegir una para comentarla. Por ejemplo, me parece que lo más importante de los últimos siete días ha sido la visita del papa a los Emiratos Árabes.

Sin embargo, los medios de comunicación han dado más importancia a su ofrecimiento para mediar en la crisis de Venezuela -tras la petición explícita del dictador comunista Maduro- o a la confesión por parte del pontífice de que ha habido muchos abusos sexuales a monjas por parte de curas y obispos. Lo de Venezuela ha hecho que un diario español como El País, socialista y desde el primer momento partidario entusiasta del actual pontífice, haya publicado un artículo titulado: “El cinismo del papa Francisco”, acusándole de proteger a Maduro, y concluyendo con esta frase, que resume también su sentir sobre el viaje a Emiratos: “En lugar de encubrir a los dictadores del Golfo, debería el papa desenmascarar al de Venezuela”. ¡Qué cosas hay que ver! Los que antes le aplaudían ahora le llaman “cínico”. Siempre he dicho que sus peores enemigos son los que se presentaban como sus amigos.

En cuanto al viaje a Emiratos, no le han faltado tampoco las críticas, sobre todo por una frase del documento firmado por él y por los otros líderes que participaron en el encuentro interreligioso: “El pluralismo y la diversidad de religión, color, sexo, raza y lengua son expresión de una sabia voluntad divina, con la que Dios creó a los seres humanos”. Pero algo debía saber ya el santo padre sobre estas críticas porque en el avión dijo que él mismo había dudado sobre algunos aspectos del documento -posiblemente sobre este punto- y que consultó al teólogo de la Casa Pontificia, un dominico polaco, el P.Giertych, el cual le dijo que lo podía firmar. Como al propio santo padre, me cuesta ver la catolicidad de que sea la voluntad de Dios que existan religiones distintas, salvo que empleemos la distinción entre lo que Dios quiere y lo que Dios permite.