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Mujeres “exitosas”

Tenemos que aceptar que el gran fracaso de la sociedad actual está en el declive de la familia como institución, el cual está marcado por la desintegración familiar, por la falta de padre en un hogar, por la inmigración de los jefes de familia y por la paternidad irresponsable; ese microcosmos de la sociedad, que es la familia, nos puede dar respuesta a tantos problemas que hoy nos aquejan como sociedad. Allí, en la familia, está el germen que puede hacer de la sociedad un éxito o un desastre como el actual.

El modelo de familia tradicional está completamente roto, el modelo religioso de familia está seriamente afectado por raras doctrinas que propenden a la prosperidad material antes que al cultivo del ser interior como persona, así que la familia tradicional arraigada en el respeto a los padres, apegada a ciertas reglas morales y éticas está seriamente amenazada por todos estos nuevos modelos de familia y estilos de vida que ofrecen el éxito a costa de cualquier cosa.

Dentro de esas amenazas veladas y abiertas que se ciernen sobre la familia, la mujer es uno de los objetivos de esta nueva cultura del éxito. Aunque traten de vendernos la idea de que lo que se debe hacer es que exista un balance entre el trabajo y la familia, tal balance no existe, y si existe, al final termina balanceado más para el trabajo y la cuenta final se paga en un juzgado de familia. Hay divorcio, hay malos entendidos, hay competencia, pero balance no hay.

Hemos pasado de un tiempo en que la mujer no podía trabajar fuera del hogar, hasta la total ausencia de la madre dentro del hogar, y a eso le llamamos progreso, a eso le llamamos superación y luego nos preguntamos por qué la sociedad está tan mal. Y los padres, los hombres del hogar, esos siempre han estado ausentes, con excusa o sin ella, han sido siempre los eternos ausentes del hogar. Esta era de la desinformación ha causado tanto daño, porque hoy todo mundo sabe la solución al problema, pero todos deciden ignorarla voluntariamente.

A la mujer se le inculca que sea una ejecutiva de éxito, que tenga grandes ingresos, que ascienda lo más que pueda, sin advertir que ignora su reloj biológico, sin tomar en cuenta que las mujeres antes que los hombres tienen una edad determinada más precisa para ser madres, las mujeres viven obnubiladas por la idea del éxito, de los altos ingresos y de la fama, como claves siniestras de esta sociedad; pero hay que decirles que también al final del camino les espera la soledad y la frustración, hay que decirles que el éxito siempre que se mide en efectivo, es ilusorio, es pasajero, pero que la familia, los hijos, un hogar estable y cálido es el éxito más grande que cualquier mujer puede tener.

Midamos bien ese éxito, saquemos cuenta. Porque allí todos pierden calidad de vida, allí no hay vida familiar, allí no hay tiempo, no hay acercamiento que permita la comunicación y la comunión entre los padres y los hijos, es decir, todos están perdiendo, perdiendo los hijos, perdiendo los padres. Pierden las mujeres su tiempo para ser madres, pierden su tiempo para disfrutar de sus hijos, pierden su perspectiva de vida entregadas por completo a la búsqueda de un éxito que solo cuenta en la tarjeta de crédito. Hay que ordenar las prioridades, hay que volver al modelo tradicional, hay que volver a las normas del hogar de antaño, hay que volver a creer en la familia, solo eso nos puede sacar del fracaso en que estamos, de lo contrario, seguimos sembrando vientos para cosechar tempestades.