Más noticias

Conversión y unidad

El santo padre ha escrito una larga carta -ocho páginas- a los obispos norteamericanos, aprovechando que estaban reunidos en un retiro, en la que les da una serie de pautas para afrontar la grave crisis de credibilidad que atraviesa la Iglesia católica en ese país debido a los escándalos provocados por los delitos sexuales del clero y por el encubrimiento que llevaron a cabo algunos obispos.

Lo primero que hay que decir es que, con esta carta, el papa está cumpliendo con su misión de pastor de la Iglesia universal. Una parte de esa Iglesia atraviesa un momento de crisis y él, como vicario de Cristo, acude en su ayuda ofreciéndole unos consejos para que puedan afrontarla con éxito.

En segundo lugar, hay que decir que, en mi opinión, lo que se dice en la carta es excelente. El pontífice pide a los obispos conversión -lo cual nos viene bien a todos siempre-, y especialmente les pide unidad. Unidad entre ellos y unidad con la Iglesia universal, lo cual explica por qué les pidió que no adoptaran por su cuenta nuevas medidas para luchar contra la pederastia en el clero, sino que esperaran a la reunión que se tendrá en febrero en Roma con los presidentes de todas las Conferencias Episcopales del mundo.

La apelación a la unidad es una crítica contra la división existente en el seno del episcopado norteamericano entre liberales y conservadores. Les pide que no utilicen los escándalos para hacerse daño unos a otros y que tengan en cuenta que a veces los medios que se pueden emplear para solucionar un problema pueden tener consecuencias peores que las que generaba el propio problema. No faltará quien interprete esta crítica a la división en el episcopado como un apoyo por parte del papa a los liberales frente a los conservadores, a los que se les ha solido acusar de ser más administradores que pastores y de estar más preocupados por la defensa de la doctrina que por el discernimiento misericordioso de los casos concretos.