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Batalla por Jerusalén

La decisión preliminar del Gobierno de Honduras de trasladar su embajada de Tel Aviv a Jerusalén ha tenido más efectos internos que externos. Solo tres países, en su momento, apoyaron la iniciativa de Trump de trasladar sus embajadas. Paraguay, que se retractó una vez que se produjo el relevo del titular del Ejecutivo, Guatemala y Honduras.

En el caso nuestro, todo apunta – en los análisis superficiales que se hacen en el país sobre temas internacionales– a un aparente acto de sumisión hacia los Estados Unidos, que ejerce una acción de chantaje, igual que con Guatemala, con respecto a los asuntos de la corrupción. Coincide este análisis, incompleto, con el hecho que los dos países tienen misiones de lucha en contra de la corrupción. Guatemala, una de la ONU. Y Honduras, otra de la OEA. Pasándose por alto el hecho que tienen naturalezas diferentes, tanto formales como funcionales y de carácter temporal.

La conclusión es frágil porque pasa por alto que, en el caso de Honduras, tiene intereses geopolíticos que busca proteger con una alianza defensiva con Israel, como medio para disuadir sus potenciales confrontaciones con Nicaragua y El Salvador, casualmente, no con Guatemala, cuyas coincidencias en este tema son complementarias y sin posibilidad de confrontación futura.

Por supuesto, hay un hecho innegable: la presencia de una población descendiente de palestinos que llegaron en el siglo 19 y principios del 20. Y cuyos descendientes tienen un desempeño exitoso en la industria, en el comercio e incluso en la política. Carlos Flores, mestizo honduro-palestino, fue presidente de la República. Carlos Chahín fue Ministro en tiempos de Maduro. Y en las últimas elecciones, Salvador Nasralla estuvo a punto de conquistar la presidencia de Honduras con los votos de los hondureños, con lo que es inevitable pensar que, aunque sus padres eran orientales que llegaron buscando mejores oportunidades desde una zona convulsa como el medio oriente, ahora son hondureños que, igual que todos los demás compatriotas, colocamos los intereses de Honduras en primer lugar y después las nostalgias de los países de nuestros antepasados; primero Honduras y siempre Honduras.

En tiempos de Carías, cuando la ONU en 1948 propuso la creación de los estados judío y palestino, Honduras se abstuvo, según dijeron, por influencia de Salomón Barjun, que era muy cercano al gobernante, cosa que aun ahora es incoherente y difícil de justificar.

Ahora bien, este problema de la ubicación de la embajada de Honduras en Israel no debe ser usada para alterar la unidad interna colocando el origen étnico como factor confrontativo porque, de lo contrario, afectaremos la unidad de Honduras y por consiguiente las bases de su existencia, como los que se hacen llamar descendientes originarios en franca lucha en contra de que el país aproveche los recursos naturales en beneficio del desarrollo nacional, porque si aquí nos dividimos en descendientes de españoles, afrodescendientes, herederos de los negros cimarrones, de palestinos y libaneses, y de los chinos cantoneses le haremos mucho daño al país.

Claro, no somos insensibles a las nostalgias que nos enriquecen, pero en lo que hay que pensar es en el país, como un país de inmigrantes, que eso somos, unidos por un destino común. Colocando los intereses de Honduras por encima de los orígenes de nuestros antepasados. Pero esto no solo con respecto a la población, sino que por parte de los gobernantes que deberán considerar después de la defensa de los intereses nacionales, los sentimientos de las diferentes comunidades que forman el tejido nacional, sin que ninguno de ellos se coloque por encima de lo que nos unifica: el amor y entrega por Honduras, de forma que este asunto hay que verlo en función de los intereses geoestratégicos de Honduras frente a El Salvador y Nicaragua, que aunque ahora son muy coincidentes, no se descarta que en la medida en que Rusia y China aumentan su presencia en el istmo centroamericano y se acelere una “neoguerra fría” con los Estados Unidos, pueden tornarse contradictorios. Creo que esto no entra en conflicto con lo dicho anteriormente, ni mucho menos con el hecho que Honduras debe continuar apoyando la lucha del pueblo palestino para la creación de su propio estado que Honduras en 1948 no apoyó, desafortunadamente.