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Prohibir no es suficiente

En la última noche del año pasado el cielo estaba despejado. Nos ofrecía un espectáculo de estrellas que duraría unas pocas horas, pues cerca de la medianoche la cantidad de pólvora quemada volvió el aire denso y cubrió de gris el panorama. ¡Menos mal que la quema de pólvora está prohibida!

Parece que prohibir es poco eficiente, en este caso como también en muchos otros que tienen que ver no solamente con lo social, lo comercial y lo político. Parece que el ser humano, especialmente cuando tiene poca conciencia de los efectos que puede provocar transgredir las reglas, busca hacer siempre su voluntad, cueste lo que cueste.

Las noticias nos cuentan que la cifra de quemados por pólvora asciende de 77 a 79 lesionados a nivel nacional, en su mayoría niños. La costumbre pesa más que la prohibición, la falta de sentido colectivo se impone casi siempre.

Había venta de “cuetes” y otros artefactos explosivos por doquier, no era secreto para nadie, mucho menos para las autoridades. En este caso, como en muchos otros, la ley no se aplica a todos. Ojalá en Honduras realmente nadie estuviera por encima de la ley, pero, por ahora, esta sigue siendo solo una aspiración.

Prohibir no es suficiente, cuando la impunidad campea, a pesar de las tragedias, algunas consideradas pequeñas por ser privadas, otras enormes por ser nacionales, pero el principio es el mismo, más allá de los lamentables efectos.

El ejemplo de la pólvora es visible en extremo, pero vale la pena preguntarse: ¿qué pasará con aquellas prohibiciones legales que se incumplen sigilosamente? Es verdaderamente inquietante.

En el caso de la venta y quema de pólvora es indispensable que la prohibición vaya de la mano con la concienciación de los padres de familia o tutores, los que deben velar por la seguridad de los niños a su cargo.

El tema se vuelve complejo cuando pensamos en los ingresos de las familias que dependen de la producción y comercialización de este tipo de artefactos. Al hacer la prohibición ¿pensamos en ellos también?

En una economía tan deprimida como la nuestra vale la pena plantearse qué otras oportunidades de generar ingresos ofrecemos a estas personas, especialmente los productores que se han dedicado toda una vida a ello, incluso ancestralmente, como sucede en algunos municipios.

Es necesaria la prohibición de la manipulación de artefactos de pólvora por menores de edad, es cierto, pero también es indispensable proveer opciones a toda la cadena de valor vinculada con estos productos.

¿Y si, además de limitar la quema de pólvora, especialmente en los menores de edad, se apoya la tecnificación de los productores artesanales?, es decir, que puedan producir bajo normas de seguridad y calidad que reduzcan los incidentes lamentables tanto en ellos como en sus clientes.

La creación de otro tipo de productos, menos explosivos y más llamativos al espectador, requiere de muchos conocimientos a los que difícilmente los productores pueden acceder si no es a través de la intervención estatal y de la cooperación para el desarrollo. ¿Qué propuestas hay para esta gente?

Si vemos que la prohibición no es lo efectivo que esperábamos, entonces también hay que trabajar con las características de calidad de los productos que inevitablemente –por complicidad o por ineficiencia, no sabemos a ciencia cierta- circulan por doquier y lo seguirán haciendo año con año.

Esa débil convicción de que lo ilegal es incorrecto debe ocuparnos como sociedad. Vi a muchos padres proveyéndoles a sus hijos artefactos de pólvora y con ello enseñándoles que es válido sobrepasar la ley. El argumento es “si todos lo hacen”.

Ojalá logremos despertar la conciencia del peligro que corren las personas que juegan con fuego, algo válido no solamente en el tema de la pólvora, sino en muchos otros conocidos por todos.