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Los otros mártires

Las declaraciones del cardenal Müller, exprefecto de Doctrina de la Fe, animando a los sacerdotes de la diócesis alemana de Münster, a que hagan objeción de conciencia ante su obispo, el cual les habría mandado dar la comunión también a los protestantes, abre un nuevo capítulo en la reciente y convulsa historia de la Iglesia.

La objeción de conciencia ha estado presente entre los cristianos desde nuestros orígenes. La llevamos a la práctica ante los emperadores romanos y después ante todos los tiranos que han pretendido ocupar el lugar de Dios, mandándonos algo que no podíamos hacer sin traicionar a Jesucristo. Hemos pagado el precio de la sangre por ello. Nuestra historia está llena de mártires que van desde las jóvenes inocentes como Santa Cecilia o Santa Inés, a los ancianos como San Ignacio de Antioquía, pasando por papas, obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y una multitud incontable de laicos...

La novedad, la terrible novedad, es que ahora un cardenal pide a los sacerdotes que hagan esa objeción de conciencia ante su propio obispo y que la hagan para defender lo más sagrado que tiene un sacerdote: la Eucaristía. “Es estrictamente inadmisible negar la sagrada comunión” a los protestantes, ha dicho el obispo, aunque ha matizado que eso solo se aplicará en algunos casos, previo el consabido y permisivo discernimiento. Un obispo, y no es el único, obliga a sus sacerdotes a hacer algo contra su conciencia -habrá muchos sacerdotes que estén encantados y completamente de acuerdo, pero otros no- y les obliga a ser cómplices de la profanación de la Eucaristía nada menos. No se sabe aún cuántos no obedecerán y qué castigo les espera a los que no obedezcan. Cuando menos serán acusados de promover el cisma en la Iglesia, precisamente ellos que buscan ser fieles a la doctrina de dos mil años y a las Escrituras. ¿Llegarán al extremo de reducirlos al estado laical o de suspenderlos “a divinis”? No sabemos aún, pero lo sabremos.