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El cristianismo, ¿neoliberal?

Las religiones se mueven en una dimensión diferente a la política y la economía, sin embargo, parten de principios parecidos. Hay grupos políticos que utilizan las religiones para llegar al poder o justificar políticas económicas.

La llamada teología de la liberación es un intento de ensamblar la religión católica con las teorías marxistas. Durante un tiempo logró su objetivo: utilizar la evangelización católica para reclutar adeptos que apoyaran a la izquierda radical a lograr poder político mediante la violencia.

En las últimas décadas del siglo pasado se dieron casos de sacerdotes que lucharon junto con guerrilleros marxistas bajo el pretexto de “liberar” a los pobres de la miseria y de la explotación capitalista. Esa no es la liberación o libertad de la que parte la religión católica. La palabra liberal no significa odio a la religión (jacobinismo) ni liberar a las personas de la opresión capitalista, sino garantizar la libertad de decidir, de estudiar, de dónde trabajar, de qué producir y de qué creencias o religión adoptar.

Los teólogos católicos consideran que uno de los pilares de un gobierno con valores cristianos es garantizar la libertad de decidir de cada persona, no el obligarla a hacer lo que los gobernantes decidan qué debe hacer. Mediante el concepto de “libre albedrío” o “libertad de albedrío”, los teólogos católicos aristotélico-tomistas dejan claro que la libertad de decidir es parte esencial del ser humano racional.

Luis de Molina, gran teólogo del siglo XVI, de la llamada Escuela de Salamanca, que aclaró los mecanismos básicos del comportamiento económico de la persona humana, considera al libre albedrío o libertad de decidir como un entorno social donde las personas deciden con independencia, autonomía y responsabilidad su futuro como el fundamento de una sociedad cristiana. La garantía a la libertad de decidir de cada persona es la base de una sociedad que vive conforme a los principios cristianos.

Para San Agustín –dice Molina-, el libre albedrío, esencia de la libertad, es constitutivo del ser humano, ni Dios se lo puede arrebatar porque lo creó libre. Un Gobierno liberal o neoliberal debe tener entre sus funciones básicas salvaguardar la libertad de decidir o libre albedrío de cada persona.