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Crisis generacional

Es fácil caer en la trampa de creer que todo tiempo pasado fue mejor. Pero en el caso de la estructura política nacional, observamos al lado de la evaluación del relato nacional, la simpleza del discurso político. Y la falta de talante y talento de los políticos de ahora –Zelaya Rosales, Orlando Zelaya Medrano, Enrique Ortez Sequeira, Reinaldo Sánchez, Salvador Nasralla, Jorge Cálix, Ramón Custodio y otros más que solo sus familias reconocen, les falta compromiso con la verdad, capacidad de sacrificio personal y voluntad para colocarse al servicio de los intereses nacionales. Una crisis evidente, dolorosa y vergonzante.

Manuel Bonilla, Francisco Bertrand, Alberto Membreño, Tiburcio Carías Andino, Policarpo Bonilla, Juan ángel Arias, Paulino Valladares, José María Ochoa Velásquez, Vicente Mejía Colindres, Gregorio Ferrera, Vicente Tosta Carrasco, José ángel Zúñiga Huete, Juan Manuel Gálvez, Ramón Villeda Morales, Oswaldo López Arellano, Jorge Bueso Arias, Rafael Leonardo Callejas, Carlos Roberto Reina, Carlos Flores no tienen mucho en común con la generación que, ahora, disputa por el poder fieramente. Por supuesto que, algunos, en momentos, se echaron el rifle al hombro y fueron a la guerra. Pero tenían carácter y sabiduría para saber hasta dónde aguantaban los hilos de la existencia del país. Y pactaban como caballeros, deponían las armas, se distribuían honores y permitían que el país retomara el aliento hasta en 1954, que ante las urgencias de la “guerra fría”, crearon las condiciones para la profesionalización del arte de la guerra. La muerte terminó con los “coroneles gritados”, y con Armando Velásquez y López Arellano la profesión militar se colocó al servicio de Honduras. Pusimos fin a la guerra fratricida; al golpe de Estado y a la destrucción de la convivencia.

Pero la siguiente generación de políticos, impreparados e incluso llamados a escena sin tener la madurez suficiente no solo ha perdido el discurso, sino que olvidado el compromiso con la Patria y colocado primero su afán de llenar sus faltriqueras, antes de servir primero al bien común. Manuel Zelaya Rosales, Orlando Zelaya, Salvador Nasralla, Elvin Santos, Mauricio Villeda Bermúdez, Romeo Vásquez, Reinaldo Sánchez, Ricardo álvarez, Nasry Asfura y algunos pastores -empeñados en mezclar la prédica, los diezmos y las primicias con el presupuesto- en comparación con las generaciones anteriores, carecen de relato de la realidad, no tienen discurso político ni propuestas imaginativas para sacarnos del empobrecimiento. Nada que ver con el futuro. Anuncian la desesperanza; la confrontación y la destrucción; la sumisión a los Estados Unidos, el menosprecio a la ley, la burla a la buena fe y el incumplimiento de la palabra empeñada. En vez de esperanza por su incapacidad para el diálogo y el acuerdo, son una amenaza para la tranquilidad del país.

Esta crisis generacional la anticipamos leyendo a Ramón Oquelí. Usando a Ortega y Gasset, anticipó que enfrentaríamos un problema: la falta de una generación de recambio que sustituyera a la de Callejas, Reina y Carlos Flores. Por inmadurez o porque poco podíamos hacer, el país cayó en manos de una generación impreparada. Creímos que el internet y la velocidad de las comunicaciones nos daría nuevos políticos, la mayoría menores de 40 años, con suficiente talento para reconocer sus debilidades y que, entonces, buscarían una alianza con la generación anterior. Sin embargo, se impuso la arrogancia.

La irrupción de Zelaya Rosales es más propia de los resabios del caudillismo irredento, y la presencia de Nasralla es “pirracha” que dejaron los vacíos desocupados y el último estertor del espectáculo deportivo muy emparentado con la política.

No hay que creer que solo es cosa de cambiar esta generación por otra. Las cosas no son tan fáciles. No hay en este momento una generación de recambio a esta de jóvenes políticos de ahora, menores de cincuenta años. Zelaya Rosales y Nasralla tienen fecha de caducidad. Dentro de poco andarán con bastón. Y no servirán para nada. Zelaya Rosales ha perdido seguidores. Nasralla depende de Ferrari y de Canal Cinco.

El problema es, con quién vamos a sustituir a JOH que dejará el poder muy joven y querrá, como es natural, seguir activo en la política. Y para ello necesitará de obedientes inútiles que, en vez de bien, le harán daño al país. Estamos atrapados. Los “potrillos” ruidosos no tienen colmillos todavía.