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Los Tonys

Recientemente en El Salvador se enjuició y condenó al expresidente de dicho país (2004-2009), Sr. Tony Saca, como a él le gusta que lo llamen, por haberlo encontrado culpable de los delitos de peculado de dinero o, lo que es lo mismo, malversación de caudales públicos al haberse apropiado –según él lo confesó– de 246 millones de dólares pertenecientes al Estado, que desvío para engrosar sus bolsillos particulares. Convirtiéndose así en el primer exmandatario salvadoreño en ser sentenciado por delitos de corrupción.

En Honduras también tenemos nuestro Tony. Nada más que este no es presidente de nuestro país, sino que hermano menor del Presidente, y no ha sido condenado aún, por lo que en rigor legal debe ser considerado como supuesto responsable, por aquello de la presunción de inocencia, hasta que el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York dicte su sentencia definitiva en un esquema de tráfico de drogas relacionado con Wilter Blanco, el cabecilla del cartel del Atlántico que ha sido acusado de tráfico de cocaína hacia los Estados Unidos, según se manifiesta en dicha denuncia o requerimiento fiscal.

Todo lo anterior consta en el expediente número S215-379 contra Juan Antonio Hernández Alvarado creado por la Fiscalía Sur de Nueva York y que lo describe supuestamente dando apoyo en el tráfico de drogas enviadas desde Colombia a nuestro país con destino a los Estados Unidos desde el año 2004 hasta 2016, “sobornando a varios funcionarios públicos y a algunos miembros del Congreso y de la Policía Nacional”, según reza dicho expediente.

“Hernández Alvarado también coordinó y, a veces, participó en proporcionar seguridad armada para los envíos de cocaína transportada dentro de Honduras”, cita la demanda de la Fiscalía neoyorquina. Para concluir que el hermano del presidente hizo declaraciones materialmente falsas durante una entrevista con representantes de la Agencia de Control de Drogas de EEUU (DEA), en relación con los hechos que se le imputan.

Y así Tony Hernández, nuestro Tony, se convierte, según las leyes estadounidenses, en una persona de interés por encontrarse bajo escrutinio público de las autoridades judiciales desde 2004 por su presunta participación en las indicadas actividades y existir testimonios, como los de los Cachiros, y otras evidencias que lo conectan con los hechos apuntados, que han puesto en aprietos al presidente Juan Orlando Hernández por la magnificencia que se ha hecho de los mismos y que indudablemente vienen a enfriar las relaciones entre el país del norte y Honduras, aunque el mandatario hondureño ha resaltado que en su gobierno el que la hace, la paga. “Ni proporcionará ninguna concesión ni privilegios a ninguna persona acusada de algún crimen, aunque pertenezca a mi familia”. No hay vuelta de hoja o de ojo.