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Hagamos feliz a Jesús

Celebrar el cumpleaños de Jesús, o el de cualquier persona amada, significa hacerla feliz. ¿Cómo? Tratar de darle gusto, manifestando nuestro amor y aprecio por ella, portarse como sabemos que le agrada, regalarle nuestros mejores pensamientos y acciones, darle parte de nuestro yo interior, sacrificarnos hasta que nos duela y ofrecer la vida si fuera necesario. Todo lo anterior puede resumirse sencillamente en amar a Cristo verdaderamente con el corazón, mente y espíritu y por amor a él, amar a los que nos rodean.

No hay suceso más importante y transcendental de toda la historia humana como el amor de Dios hacia sus hijos reflejado en la encarnación de su Hijo. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en El crea, no se pierda mas tenga vida eterna” .

Lo que se nos pide en Adviento, antes de la Navidad, es estar preparados todo el tiempo para la venida del Señor, cambiar en nuestra vida todo aquello que no está correcto, orar unos por los otros, servir a los demás, poner a Cristo en el centro de nuestras vidas, pedir al Espíritu Santo que nos haga presente a Jesús de modo que nosotros estemos presentes para él. No es suficiente, no basta, ir todos los domingos a la iglesia, no comerciar con drogas, no haber matado a nadie, dar limosnas de vez en cuando. Hay que practicar aquello de dar de comer al hambriento, de beber al sediento, de visitar a la viudas y a los presos.

Hay que reconocer que hay pobres marginados que sufren frío y otras necesidades básicas, que hay pobres con los derechos humanos violados, que hay grandes injusticias sociales que pasan desapercibidas por los que se dicen cristianos, que hay tantos desempleados necesitados. No es solo su problema, debe ser nuestro problema. Adviento es hacer feliz a Jesús amándole verdaderamente con el corazón y por amor a Él, amar a los que nos rodean.