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Vamos a la guerra, “mi amor”

Mientras escribo ignoro si los seguidores de Zelaya Rosales han obedecido sus consignas y lanzados a la calle han iniciado la insurrección, principio de la guerra civil que hemos anticipado, en vista de que el sistema político no ha soportado la reelección presidencial. De todos modos, hay cosas obvias. La primera de ellas es que Zelaya tiene muy menguada su capacidad de convocatoria para una revuelta generalizada. En la cultura hondureña –y de repente en todas las que existen o han existido– hay muchas personas que ven la revueltas como las que llamamos de las “llantas quemadas”, una oportunidad para el saqueo, y la forma de sentirse superiores destruyendo la empresa privada en forma selectiva, por ello no hay que sorprenderse que se produzcan brotes de violencia en contra de los derechos de circulación y de la integridad de los bienes de los particulares en algunas partes. Especialmente en San Pedro Sula, Choluteca – la ciudad en donde se han acumulado muchos más rencores por razones que explicaremos en otro momento– Tocoa, Comayagua, Santa Bárbara y Tegucigalpa, pero creo que la Policía, pese a sus probadas debilidades y falta de valentía para cumplir con su deber, dándole la espalda al miedo que le provocan los grupos de defensa de los derechos humanos, tendrá capacidad de enfrentar a los revoltosos, por ello creemos que solo se darán hechos aislados, ya que Zelaya Rosales ya no cuenta con el respaldo de Salvador Nasralla, su “amor” de otros tiempos, ni tampoco de un grupo de empresarios que, por su medio, canalizaban su rechazo al régimen presidido por JOH, del que resienten la dura carga de impuestos, que consideran inaceptables.

La segunda cuestión es que Zelaya Rosales sabe con mucha intuición –porque lo que le falta en formación, Dios se lo ha dado en olfato– que tiene que mantenerse beligerante, no solo porque es el único que puede en forma parcial mantener la inestabilidad, sino que por ese medio le puedan postergar las amenazas que en su contra vienen desde el norte. De allí es probable que tampoco quiera desestabilizar al país, sino que negociar ciertos mecanismos de protección para sí y para quienes fueron sus servidores mientras ejerció la titularidad del Ejecutivo.

Y el tercer asunto es que Zelaya Rosales no tiene antecedentes de triunfador. Después de haber ganado las elecciones como candidato del Partido Liberal no ha podido conseguir un resultado favorable. Es útil un repaso de sus fracasos para anticipar si tiene capacidad para iniciar una revolución armada, derrotar a los militares y recuperar el poder. El primer fracaso de su cuenta personal es que no pudo cumplir su período presidencial. Creyó que mil hombres en la calle desarmaban a un soldado y que, en consecuencia, con cincuenta mil vociferantes compatriotas y algunos salvadoreños y nicaragüenses podía ser rescatado de la cárcel, donde creyó que le recluirían en 2009. No contaba que lo sacarían del país, pero además no tenía capacidad para movilizar detrás de sí una cantidad tal de seguidores que, en su mejor momento, después del intento suyo por aterrizar en Toncontín no llegaron nunca a 7,000 personas. Perdió las elecciones colocando a su esposa como candidata presidencial y, como no hay dos sin tres, igualmente volvió a perderlas con Salvador Nasralla. No por culpa de este, sino por fallas de conducción, en donde es muy poco afortunado.

Finalmente, Zelaya es obstinado, dedicado y comprometido; pero no tiene talento militar. Ningún miembro de su familia se ha destacado en el arte de las armas, incluso sus conocimientos del tema son elementales. Poner patas arriba la expresión de Clausewitz (“la guerra es la política por otros medios”), afirmando que la política es la guerra por otros medios, muestra su irresponsabilidad teórica, su poca formación y su carácter fanfarrón, que no es característico de un combatiente serio. Aunque no lo menosprecio como peligro nacional, no le veo con el talento de un conductor guerrero que pueda derribar a JOH e iniciar, para ello, una revolución armada. Además de las debilidades indicadas, las condiciones objetivas le son desfavorables, solo que le apoyaran los Estados Unidos, ya que Nicaragua y Venezuela no le pueden hacer el favor en este momento.