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Sumergidos bajo las aguas

El reciente cataclismo que ha afectado gran parte de nuestro territorio ha producido hasta este momento seis personas fallecidas, un desaparecido y 11,623 damnificadas, perjudicando las zonas centro y sur del país, principalmente los departamentos de La Paz, Francisco Morazán, Valle y Choluteca, resultando con ello seriamente afectada nuestra insuficiente y precaria economía nacional, como la de los directamente perjudicados, que han quedado en una grave y calamitosa situación económica al haber perdido sus casas, sus cultivos y en algunos casos su ganadería y demás pertenencias, y afectada la infraestructura en esa zona del país, carreteras y edificios públicos dañados y puentes destrozados.

En este drama vivido por estos compatriotas hemos visto de todo. Desde aquellos siniestrados que han salvado valientemente sus pertenencias y sus animales domésticos a riesgo de su propia seguridad, pasando por aquellos que han realizado tareas de salvamento evacuando heroicamente a personas atrapadas por las torrenciales e intensas lluvias, hasta aquellos que, pretendiendo lucrarse inescrupulosamente, han alterado en forma desmedida e injustificada los precios de los productos de consumo popular en las zonas damnificadas, principalmente en la zona sur, especulando con la desgracia que abate a esos compatriotas.

La grave perturbación meteorológica, que LA PRENSA ha reseñado en cuatro de sus últimas ediciones, ha dejado al descubierto las secuelas de luto y dolor mencionadas y una factura de cuantiosos daños que nos hace recordar a los hondureños lo vivido en octubre de 1998 con el paso del devastador huracán Mitch, que arrasó inmisericordemente comunidades enteras y cuya recuperación todavía no se ha logrado completamente, a pesar de la ayuda humanitaria y las cuantiosas donaciones recibidas de países amigos, lo que nos hace dudar de la transparencia de las personas y algunas entidades que se dieron en esa época a las tareas de reconstrucción.

La restauración de las zonas perjudicadas con las recientes lluvias diluvianas se debe realizar inmediatamente y no esperar a que la comunidad internacional lo haga primero. Tanto el Gobierno central como el municipal y los hondureños de buena voluntad lo debemos hacer ejecutando conjuntamente un verdadero plan de acción, evitar la especulación con un estricto control de precios de los productos de primera necesidad e implementar una adecuada estrategia que deba superar la caótica situación que miles de compatriotas están viviendo tocados por la adversidad, al haber perdido sus propiedades y cultivos socavados por el embate de la naturaleza.

Las fotografías publicadas por este diario no pueden ser más elocuentes y nos deben llevar a la solidaridad y la reflexión.