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¡La mente o el corazón!

Hay una distancia entre la mente y el corazón, existe muchas veces la sensación de incertidumbre si se hace bien o mal al dejarse llevar por la mente o solo el corazón; lo ideal es mantener el balance no se puede dejar llevar solo por el corazón ya que irá por caminos e impulsos descontrolados sino están dirigidos por la mente para tener una prevención y cuidado. El éxito es mantener en armonía la mente y el corazón, ya que cuando no están en acuerdo los sueños no avanzan y existe la desesperación y depresión.

Sabemos lo que somos, pero muchas veces ignoramos todo lo que podemos llegar a ser. Cada persona es diferente y el vínculo entre la mente y el corazón en su interior usted lo puede llegar a descubrir; existe una relación simbiótica entre el cerebro y el corazón y no pueden vivir uno sin el otro, el corazón le lleva sangre con oxígeno y nutrientes al cerebro, el cerebro inerva el corazón por intermedio de señales nerviosas que transmiten funciones como incrementar la frecuencia de latidos, el estado de ánimo, la ira, depresión, hostilidad, euforia o alegría, esto ha generado que el corazón se transforme, a lo largo de la historia de la humanidad. La palabra dicha: el cerebro que late tiene su fundamento por las conexiones que existen entre marcadores bioquímicos que acercan las células del cerebro con las del corazón.

El gran desafío del liderazgo es poder reconocer que la habilidad de la conducta humana, “ ACTITUD”, nace solo de una mente renovada y un corazón transformado. El Señor es el que ha provisto nuestra restauración en el espíritu, pero es la responsabilidad de cada persona el restaurar la actitud de las mentes para poder ejercer un liderazgo del Espíritu. “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente y vestíos del nuevo hombre creados según Dios” (Efesios 4:22-24).