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Los obsequios de hoy

San Pedro Sula, Honduras

En esta fecha celebramos el Día del Niño en Honduras. Es un momento del año muy esperado por miles de pequeños de nuestro país porque muchos de ellos al menos por un día pueden hacer un alto en sus cortas e intensas historias para disfrutar de dulces y juegos.

Celebrar este día no debe verse como una banalidad, sino como una oportunidad de recordar los derechos de los niños, uno de ellos es el de jugar.

Jugar para desarrollar su imaginación, para aprender a reaccionar adecuadamente ante distintas situaciones, para adquirir y reforzar valores, para desarrollar habilidades.

Jugar con una caja, una pelota, una rayuela dibujada en el piso o carritos y muñecas. Los niños no entienden de ostentación ni de precios, somos los adultos los que a través de nuestras propias acciones y palabras vamos llenando sus mentes limpias de ideas sobre el costo y no sobre el valor de las cosas.

Hoy y para siempre quisiera para los niños de mi país una educación de calidad e inclusiva, en la que se reconozca, respete y acoja las diferencias.

Quisiera para los niños hondureños un sistema de salud eficiente, con enfoque en la prevención, para reducir el impacto que tiene en la sociedad y en cada hogar curar a una población enferma.

También quisiera que cada niño tuviese una familia o por lo menos, un adulto responsable de él, que se dé cuenta de la hermosa y bella oportunidad de forjar esas pequeñas vidas, a través del buen ejemplo y del amor. Hoy desearía regalarle a cada niño la oportunidad invaluable de pensarse a futuro, que muchas veces le es robada por las situaciones y carencias que debe enfrentar en el presente.

Para este día del niño quisiera para los pequeños hijos de Honduras un cúmulo de valores para toda la vida. Autoestima para reconocer su propio valor y dignidad; respeto hacia sí mismo y hacia los otros, como elemento indispensable para vivir en sociedad.

También quisiera obsequiarles solidaridad para apoyar a otros en la medida de sus propias capacidades; autonomía, que es fundamental para forjar individuos autorregulados, capaces de tomar decisiones responsables por sí mismos, no por temor al castigo, sino por convicción. Hoy y siempre desearía que los niños fuesen plenamente respetados, no solamente en su integridad física, sino también emocional. Que los adultos comprendan que hay situaciones que no corresponde vivir por adelantado.

Es imposible no dar un vistazo a los recuerdos lejanos, pero tan presentes de la propia niñez. Guardo en mi memoria los momentos vividos por encima de cualquier objeto recibido. La atención de mis padres, a pesar de las dificultades y de sus ajetreadas vidas, el cariño recibido aún con los llamados de atención.

Alguna vez abordé a mi padre sobre la falta de un obsequio a cambio de mis buenas calificaciones en la escuela. La respuesta que se quedó grabada en mi memoria fue: “Vamos a hablar, hija. Mi responsabilidad como padre es darle educación y la suya es aprovecharla. El mejor obsequio que usted puede recibir es saber que su padre se siente muy orgulloso de usted, no solamente hoy, sino todo el tiempo”.

Hoy quisiera también que cada niño de Honduras atesorara recuerdos de momentos especiales, como el que acabo de compartirles, que encierre lecciones dadas con cariño, elemento que las hace indelebles. Le invito a hacer lo propio. ¡Feliz día del niño!