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¿Se complica usted?

Suponga usted que debe viajar por Europa en una línea aérea llamada Koninklijke Luchtvaart Maatschappij, ¿recordaría fácilmente el nombre? ¡Claro que no!, pero si le indican que se trata de la KLM seguramente le parecerá mucho más fácil recordarla. Los expertos en mercadeo saben que hay que facilitarle al público la retención del nombre, por eso se usan solamente las iniciales y no el nombre completo.

Si observa bien, podrá percatarse de cómo los negocios en general han venido simplificando procedimientos para facilitar a sus clientes el adquirir sus productos. Así usted puede comprar pollo, hamburgesas o pizza desde su propio automóvil, atendido a través de un micrófono y una ventanilla especial. También podrá pedirlo desde su casa y un joven se lo llevará rápidamente en su moto. ¿Por qué entonces nos complicamos innecesariamente? A veces compramos cosas que no necesitamos o guardamos juguetes que ya nadie usa, conservamos ropa que no utilizamos. ¿No tendría más sentido buscar quién pudiera necesitarlo y dárselo? También a veces nos comprometemos a hacer cosas que nos desagradan o que requieren tiempo que no tenemos para finalmente quedar mal. ¿Deberíamos aprender a cortésmente decir no? Fíjese bien y podrá notar cómo hay gente que se complica al hablar, en el supuesto de que usar un vocabulario enrevesado le hace parecer culto. Así se ha puesto de moda “hacer una interrogante” en lugar de sencillamente “hacer una pregunta”. También explicar en términos oscuros lo que podría ser claro. ¿Recuerda usted el consejo de Jesús a la mujer que salvó de ser lapidada? Fue un ejemplo de sencillez y claridad: “Vete y no peques más”.

Hay gente que se complica por no organizarse; por ejemplo, mantiene un desorden tal que tiene que buscar en un montón de papeles el recibo de la luz, y cuando lo encuentra se da cuenta de que ya está vencido. Es la gente que nunca encuentra las llaves, sino después de invertir media hora en su búsqueda.

Creo que deberíamos observar lo que hacemos y cómo lo hacemos, y pensar entonces cómo podríamos simplificar nuestra vida haciendo los cambios necesarios.

LO NEGATIVO: Dejarnos arrastrar por el torbellino de lo complicado porque está de moda.

LO POSITIVO: Comprender que hay grandeza en lo sencillo y que simplificando vivimos mejor.