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El comediante pillado

Jimmy Morales es el presidente de Guatemala, también conocido con el apelativo del Comediante, y cuyo nombre también podría ser parte de un chiste, puesto que en un país con amplísima cultura autóctona producto de la herencia maya y la olmeca, como de la influencia española durante la época colonial, no se concibe en forma lógica un nombre anglosajón como el de Jimmy, que es diminutivo de James, con el cual el mandatario chapín fue llevado a la pila bautismal.

El mandato de Morales se inició muy favorablemente, a la sombra de los escándalos de corrupción que llevaron a su fin al gobierno de Otto Pérez Molina, su antecesor, denunciado por la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) por los delitos de cohecho pasivo, asociación ilícita y defraudación, por lo cual fue desaforado por el Congreso luego de un antejuicio por dichos crímenes, que lo mantienen hoy día en prisión, junto con un puñado de sus más cercanos excolaboradores.

Jimmy Morales aprovechó esta circunstancia e inició su gestión presidencial con una imagen desmarcada de la política tradicional, llevando un mensaje anticorrupción. Prometiendo –falsamente por supuesto– que una de sus prioridades sería el combate a la corrupción, iniciando así una luna de miel con el pueblo guatemalteco que duró muy poco, unos seis meses, pues a partir de este momento empezaron sus problemas. Varios de sus funcionarios de confianza tuvieron que renunciar por habérseles encontrado ligados a múltiples casos de corrupción. Lo mismo uno de sus hijos y un hermano suyo, señalados por su presunta participación en estas ilegales acciones.

Estos sucesos empañaron ab initio su gestión presidencial, poniéndose en tela de juicio su cacareada campaña, utilizada como una mascarada jugando su papel de comediante, lo que se patentizó luego de los señalamientos de la Cicig al vincularlo con la evasión fiscal de 216 empresas, a las cuales les condonó sus deudas con la hacienda guatemalteca, siendo además investigado por una financiación indebida en su campaña electoral por más de un millón de dólares que fueron a parar a sus bolsillos particulares. Casos que la Cicig no ha podido judializar, a pesar de sus esfuerzos y de la Fiscalía General, que han tenido que afrontar al Congreso Nacional en una clara complicidad con Morales al declarar sin lugar la solicitud para la suspensión de su inmunidad, que lo conduciría a la cárcel.

Jimmy Morales, al sentirse acorralado, ha expulsado manu militari a la misión de la ONU que lo ha enfrentado desde hace más de un año. Lo que ha venido de nuevo a romper el orden legal en un país merecedor de mejores derroteros, quedando demostrado que, en Guatemala, la democracia no funciona y que la corrupción cabalga, como en Honduras, a galope tendido.