Más noticias

¡La envidia!

¡La envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento! La mayoría pueden reconocer las acciones de la envidia resultado de las emociones, las cuales la hacen única, no es difícil decir que estamos tristes, enfadados o decepcionados, pero sí cuesta mucho que una persona acepte que es envidiosa, ya que muchos la perciben como algo infantil, mezquino y vergonzoso. Casi siempre este tipo de persona se disfraza de una personalidad fuerte de carácter para esconder su baja autoestima; muchos síntomas se perciben de la envidia generalmente son personas que roban el mérito a los demás en trabajos en equipo, ellos dicen sin mí nunca lo hubieran hecho; si alguien recibe una buena noticia o motivo de alegría sus emociones son forzadas, las expresiones verbales son forzadas para que usted no se dé cuenta que está fingiendo y su envidia pase inadvertida. “La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual”. Miguel de Unamuno.

Una persona envidiosa sufre y hace sufrir a otros por su sentimiento de frustración y de inferioridad, la baja autoestima tienden a odiar y detestar a otras personas por poseer lo que ellos desean, son personas que atacan y critican en público siempre lanzan palabras envenenadas y es el vivo reflejo de lo que hay en su corazón, para hacer una humillación radical y pretender ejercer poder sobre usted.

Es muy importante evitar este sentimiento negativo que despertar el lado más emocional del cerebro que causa rabia y dolor; esta envidia es causada por ver a otro gozar de lo que deseamos; los celos, por ver a otros poseer lo que quisiéramos poseer nosotros; casi siempre son personas que no se sienten amadas, ya que la envidia no les permite ver lo que realmente son en su identidad; en lugar de fijar en los demás usted transforme la rabia en aceptación, fíjese en lo que usted es y valore que Dios le hizo auténtico y original. “He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu” (Eclesiastés 4:4).