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Cuando la autoridad falla

En un reciente foro de uno de los programas de televisión nacional abordaron el tema del gran número de accidentes de tránsito y muertes por esta causa. Invitados en esa ocasión estaban autoridades de tránsito.

En un momento alguien que llamó al programa para emitir su opinión hizo una afirmación que por simple me llamó mucho la atención. Simple pero abrumadora. Simple pero indiscutible. Dijo que los hondureños no respetamos los semáforos por falta de educación sino por falta de autoridad. Que cuando conducimos en otros países sí respetamos las señales de tránsito. Claro como el agua.

Las autoridades allí presentes lo justificaron por el poco número de agentes de tránsito en todo el país que es de apenas 1,700 elementos. Lo cierto es que en nuestro país cada quien hace lo que quiere cuando está al volante de un vehículo.

Dobles filas de vehículos que hacen espera enfrente de escuelas y colegios por los padres de familia y que obstaculizan la libre circulación. Nada los hace moverse. Tomas de carreteras llevadas a cabo por conductores de buses “ brujos” y moto taxis. Tengo entendido que aún no existe una regulación para el tránsito de estos vehículos.

Imprudencia, malcriadeza, y la falta de respeto por conductores de taxis y buses. El carril extra. Patentado en Honduras. Siempre existe alguien que lo hace e inmediatamente tiene seguidores. No existe el concepto de hacer la fila, correcta y ordenada. Irrespeto al espacio de los demás. Hordas de motociclistas sin experiencia transitando a toda velocidad sin el mínimo concepto de prudencia y que a base de sangre se han ganado el derecho de ser la primera causa de atención en hospitales.

Entonces retomando lo expresado por el televidente, definitivamente no hay quien ponga orden. No se requiere educación o estudios para cumplir la ley de Tránsito. Se requiere temor a la sanción cuando se infringe. Temor a la autoridad. A las represalias. Pero si no hay suficientes elementos de tránsito pues hay que formar más. Se han creado batallones de PMOP para combatir la delincuencia y han demostrado ser solución. ¿Por qué no formar más elementos de Tránsito entonces?. Daños materiales, gran cantidad de lesiones irreversibles y pérdidas de vidas humanas lo justifican. Vidas de inocentes la mayor parte de las veces. Violencia cotidiana. Más aún que la asociada a la criminalidad común o la organizada.

Tenemos mejores carreteras y más accidentes. Inaudito.

El conducir un vehículo es una actividad agradable. Sirve ese tiempo para muchos fines. Oír música, noticias, meditar, solucionar mentalmente problemas. Es una forma de ganarse el sustento para muchos. Pero en cualquier momento un trastornado, malcriado, prepotente, y creyéndose el amo del mundo, nos pondrá en riesgo de muerte. Todo porque ninguna autoridad lo ha enfrentado seriamente antes y lo ha sancionado como procede. Cancelar licencias de por vida es necesario. Hay que crear temor a la sanción en los conductores.

Albedrío no significa libertinaje. No significa que nuestros derechos valen más que los de los demás. Es una palabra honorable que representa responsabilidad en el manejo de nuestras propias vidas. Hacer lo que consideremos óptimo para nosotros sin faltar al derecho humano y respeto a los demás. Nuestro derecho termina justo donde empieza el del prójimo.

Es indispensable tener más agentes de Tránsito. Y deben ser probos, una nueva generación, para quitarse esa fama de corruptos que por unos cuantos se han ganado. Deben tener un buen sueldo para que no caigan en tentación.

Y nosotros como pueblo no debemos fomentar la corrupción que tanto criticamos. No ofrezcamos sobornos cuando caigamos en una falta de tránsito. Tanto quien ofrece como quien recibe son igualmente deshonestos. Y mientras no interpretemos que las leyes de Tránsito deben acatarse por todos, incluidos nosotros, no podremos cambiar esta selva que hemos creado.

Dejemos la pencada, la soberbia, nuestras frustraciones y enojos en casa. Cuando subimos todo esto con nosotros a nuestros vehículos y los dejamos tomar el volante ponemos personas en riesgo. Nos volvemos sumamente peligrosos. Somos potencialmente letales.