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Excusas para una guerra

No es normal que se publique en la web de la Pontificia Academia para la Vida un artículo en el que se dice que el uso de la píldora anticonceptiva debería ser permitido, mientras que un numeroso grupo de católicos conversos del islam escriben una dura carta al Papa en la que dicen sentirse abandonados por la Iglesia.

Como digo, los que provocan estas cosas o tienen la impresión de que el tiempo para las reformas se les termina -y quizá alguno tenga datos que la mayoría ignora- y quieren aplicar la teoría de los hechos consumados o están buscando que los que defienden la fidelidad a la Palabra de Dios y a la tradición se vayan de la Iglesia creando un cisma, o las dos cosas.

Al principio, cuando empezaron los debates sobre la comunión de los divorciados vueltos a casar, se habló de la posibilidad de un cisma si eso sucedía. Luego, la Amoris laetitia lo dejó en una ambigüedad, tal que se podía interpretar en un sentido o en otro. Aquella confusión aún sin resolver ha dado paso a otras cosas, como las que he citado que han ocurrido esta semana.

Son demasiadas y demasiado juntas. Hay demasiada aceleración, y eso solo se produce cuando el que conduce ya no lleva el control o cuando se quiere que el coche se salga de la carretera y choque. No sé si se podrá aplicar aquello de Shakespeare de que hay algo podrido en Dinamarca, pero desde luego esto no es normal. Yo no sé por qué, pero seguro que alguien lo sabe, y no me refiero a Dios, que lo sabe todo.

Solo queda rezar y tener calma.

La solución del cisma es muy mala solución, entre otras cosas porque quizá es lo que estén buscando los que están dando golpes al fiel perro guardián para que se enfade y poder decir que está rabioso.