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¿Cómo viven los ricos la crisis en Venezuela?

En una Venezuela donde hay escasez y crimen, todavía hay una clase que vive en la comodidad. Pero, ¿hasta cuándo?

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Agustín Otxotorena, un empresario español residenciado en Caracas, publicó una serie de fotografías en su cuenta de Facebook, donde muestra que el stock de alimentos está completamente asegurado en los supermercados de los barrios altos en la capital venezolana.
Agustín Otxotorena, un empresario español residenciado en Caracas, publicó una serie de fotografías en su cuenta de Facebook, donde muestra que el stock de alimentos está completamente asegurado en los supermercados de los barrios altos en la capital venezolana.

Caracas, Venezuela.

El país con más reservas petroleras del mundo enfrenta una sequía de divisas por la caída del precio del crudo, y eso llevó al gobierno a restringir más el acceso a los dólares. A menos divisas, menos importaciones, y Venezuela compra casi todo lo que consume. La inflación sube, los salarios se deprimen, hay escasez y crimen.

Las protestas se multiplican cada día, miles exigen alimentos, medicinas y seguridad. Mientras tanto, otros miles hacen largas colas desde la madrugada frente a los supermercados para conseguir los productos básicos que escasean en varias partes del país.

Pero, ¿cómo se vive del otro lado de la crisis? ¿La clase alta venezolana también ha sufrido el impacto de la tormenta económica que afecta a ese país?

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El contraste entre los supermercados de la clase media-baja y la clase alta en Venezuela.

Varios empresarios accedieron a hablar con la cadena BBC mundo para relatar su estilo de vida ante la "situación insostenible" por la que la oposición responsabiliza al gobierno de Nicolás Maduro.

Uno de los empresarios le confesó a la BBC que su familia aún vive con comodidades pero ahora están más conscientes de la realidad del país. Y es que aunque no sufre las casi cuatro horas y media diarias que en promedio pasa un venezolano para comprar algunos de los productos regulados por el gobierno, la crisis no le es ajena.

Como el resto de las personas de su nivel, adquiere la comida por otros medios. Suele conseguir los alimentos a través de los empleados de su empresa, pero decidió dejar de comprarles cuando quisieron cobrar 40.000 bolívares (unos US$40 en el mercado negro) por 20 kilos de Harina PAN (harina de maíz precocido ingrediente básico de las arepas). El kilo a precio regulado cuesta 19 bolívares.

Ahora se considera de clase media alta y no un rico. "Me siento un pela bola (pobre) al lado de mis amigos", bromea. Su hijo, de 19 años le contó que hace poco secuestraron a un conocido y cuando se supo en su círculo, un amigo llegó con $70.000 en efectivo para pagar el rescate.

Y es que pese a la crisis, todavía hay una Venezuela que vive en la comodidad. Hay gente de clase alta que viaja al exterior en sus jets, los restaurantes de moda se siguen llenando, los cumpleaños se siguen festejando con whisky y a las fiestas de 15 años invitan a cantantes como J Balvin y Farruko.

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Esta "clase especial" está compuesta por grandes empresarios, directores de compañías, profesionales exitosos y "boliburgueses", personas cercanas al chavismo que crearon su riqueza gracias al gobierno.

El que tiene acceso a dólares en Venezuela todavía vive cómodo, a diferencia de muchos que apenas pueden sobrevivir.
Se calcula que esta clase pudiente representa el 16% de la población, un poco menos de 5 millones de personas. Se dividen en un segmento A/B, que pasó de ser el 3,1% en 1999 al 1,3% este año, y el C, que era el 18,2% cuando Hugo Chávez llegó al poder y ahora es el 14,8%, según datos de la BBC.

Luis Vicente León, economista y director de la encuestadora Datanálisis, explica que la clase alta ahora "está perdiendo capacidad de comprar y encareciendo de manera significativa su vida. Se reducen sus ahorros y sus ingresos, su flujo de caja se paró y están viviendo de lo que hicieron, no de lo que están haciendo".

La cara conocida de la pobreza

En "El Goloso" -un puesto callejero de comidas rápidas de Caracas- hay cada vez más billetes, pero menos ventas. La inflación y la devaluación se mezclan. El dinero "es una ilusión. Cuando llego a la casa pienso que traigo algo, pero cuando voy a pagar la factura me doy cuenta que no tengo nada", dice desconcertado Jenner Morón, administrador del carrito.

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Los venezolanos que viven cerca de la frontera cruzan a Colombia para comprar allí comida.

Venezuela tiene la inflación más alta del mundo: 180,9% en 2015 (oficial), y para 2016 el FMI prevé que llegará a 720%. Los bolívares se esfuman. Hace cuatro años, un perro caliente costaba 22 bolívares, y hoy, 500 (80 centavos de dólar a la tasa oficial más alta y 48 centavos a la del mercado negro).

Jenner, de 21 años, llegó a vender 500 perros diarios; hoy, unos 120. "Recibimos más dinero, pero ganamos menos".

Además, debe lidiar con el efectivo en una de las ciudades más inseguras del mundo. Una venta promedio de 120.000 bolívares representa 1.200 billetes de 100 (el de más alta denominación). Jenner lleva los fajos a un depósito cuatro veces al día.

Seis de cada diez venezolanos deben hacer colas hasta de ocho horas para abastecerse, según Anauco, ONG de defensa de los consumidores. El resto paga para que le hagan la fila o compra a los "bachaqueros" (revendedores).

Las protestas por comida han empezado a degenerar en saqueos, que dejan cinco muertos en junio. "Más gana un 'bachaquero' que un profesional. No tengo esperanza de nada. Si hay oportunidad, me voy (del país). Seguir aquí es perder la juventud", dice el afectado.