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Orgullo catracho: Panadería hondureña deleita paladares en Barcelona   

Una familia originaria de La Lima, al norte de Honduras con esfuerzo logra salir adelante en Europa.

Uno de los trabajadores de Hondupa mientras saca del horno las deliciosas semitas.
Uno de los trabajadores de Hondupa mientras saca del horno las deliciosas semitas.

Barcelona, España.

El sabor de una semita hondureña, de esas deliciosas y suaves que dejan azúcar entre los labios y se remojan con un buen café, llegó a Barcelona hace cinco años, a manos de la familia Cerros Guerrero.

Ellos, tienen una hermosa historia de superación y emprendimiento que contar y con ella, representan la de miles de hondureños en el mundo.

Su exquisita receta ahora llega a miles de hogares en toda España, incluso, ha transcendido fronteras y todo con un sello de esfuerzo, mucha fe y amor hondureño.

Son catrachos que han dejado todo en su tierra para empezar de cero y luchar por mejores condiciones de vida en naciones con diferente idiosincrasias, cultura y en muchas ocasiones idiomas o dialectos.

Para el 2017, habían más de 700,000 hondureños migrantes en más de 30 países del mundo, siendo Estados Unidos y España donde hay mayor concentración. Se estima que tal cifra se ha incrementado al menos un 15%.

Adaptación

En el 2005, Manuel Cerros y Heydi Guerrero, una joven pareja de hondureños recién casados oriundos de la ciudad del oro verde, La Lima al norte de Honduras, decidieron buscar mejores condiciones de vida y fue cuando decidieron partir hacia la hermosa capital cosmopolita de Cataluña.

El primero en irse fue José Manuel; meses después su esposa. Con solo una persona conocida en una ciudad de 1.6 millones de habitantes, la tarea de adaptarse a un entorno totalmente diferente fue el primer gran obstáculo que tuvieron que enfrentar con la ayuda de Dios.

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La familia Cerros Medina ha logrado convertirse en un ejemplo para mucha personas en Barcelona.

"Sea como sea, en nuestro país tenemos nuestra propia casa, nuestro propio cuarto con espacio para cada quien, aunque las condiciones económicas sean malas.

Aquí en Europa al inicio es duro adaptarse al clima, a las costumbres, al lenguaje. Para mi, fue complicado porque pase de tener mi propia habitación, a tener que compartir una con dos o tres personas. Gracias a Dios, siempre estuve rodeado de extranjeros muy generosos", confiesa Manuel, mientras dialoga con LA PRENSA.

La soledad, la lejanía de sus seres queridos calaba en la ansiedad e impaciencia de la pareja y eso los llevo a trasladarse, en un par de ocasiones, de la ciudad a Girona y luego regresar. Sin embargo, algo que reconocen es que siempre lograron encontrar un trabajo para tener las condiciones mínimas para salir adelante.

Decidieron tener sus hijos y esto también se convirtió en un reto porque la esposa debía dejar de trabajar para atender a sus vástagos. Pero siempre salieron adelante "gracias a Dios", repite insistentemente.

Con los años llegó la chispa de luchar por tener su propio negocio. Y todo empezó en un mordisco.

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Las semitas se han vuelto una sensación en Barcelona por el toque catracho que encanta a los latinos.

Mientras Manuel se aprestaba a desayunar una mañana en Barcelona escuchó que en cierta tienda existía, entre la repostería disponibles, las semitas, el tradicional pan que no falta en la mesa de las familias hondureñas.

Siendo este un pan dulce muy conocido en Honduras no dudó en elegirlo con el enorme desencanto que su sabor estaba insípido, su contextura era casi como una piedra y lejos de ser una reposteria era más un invento mal hecho.

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Las semitas que produce Hondupa cuentan con la calidad que exige el sistema sanitario en Barcelona.

Eso le generó el deseo de intentar convertirse en un panadero, o experto en semitas.

Sus primeros intentos por cocinarla no fue lo esperado. Lo intento sin éxito más de seis ocasiones hasta que decidió pasarle la tarea a su esposa quien, evidentemente tenía la llave maestra para conquistar el sueño.

Pérdida dolorosa
En medio de su proceso de adaptación en tierras europeas, Manuel Cerros sufrió al larga distancia la pérdida inesperada e irreparable de su madre Elizabeth Medina.

Consolidación

Tardó varias semanas perfeccionar la receta para que la mezcla llegara a ser tan buena como las semitas catrachas, pero llegó al fin.

Ya habían pasado nueve años desde que llegaron a Barcelona y la población de hondureños aumentó siendo una de las ventajas para que su negocio tuviera clientes permanentes.

"Cuando empezamos a venderlas, los catrachos empezaron a pedirnos más. Muy contentos. Íbamos obteniendo clientes poco a poco. Nosotros agradecemos a esas personas que nos prestaron un lugar para tener nuestro centro de producción incial. Luego que pudimos ver más frutos decidimos darle fuerza con la publicidad y finalmente logramos tener nuestro propio espacio", confiesa.

"Con el tiempo mi hermana Dunia llegó a fortalecer el equipo; se vino de Honduras también junto a su esposo y mis sobrinas. En nuestro negocio ya tenían un trabajo fijo. Gracias a Dios, hemos ido creciendo poco a poco. Hemos enfrentado el proceso de volvernos un negocio legal, con control de salud y regulaciones completas pero justo en el inicio de este proyecto nos llegó la nacionalidad. Una obra de Dios, pues suele tardarse más en algunos casos", reveló.

Hoy en día, HonduPa (Hondu por Honduras y Pa por la palabra "pan" en catalán) se distribuye no solo en Cataluña sino en Madrid, Valencia, Bilbao y otras ciudades importantes de España.

Una marca hondureña, conocida en todo el país. Y todo empezó con un sueño honesto, esforzado y con mucha fe.

Para los hondureños que viven en España y desean disfrutar de la semitas de HonduPa, pueden hacer sus pedidos a través de las redes sociales de la panadería: HonduPa Forn DE PA

La bolsa de semitas de Hondu Pa se vende a 3 y 4 euros en tiendas de Barcelona.