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¿Qué es el amor?, desde la óptica científica

Un curso de la Universidad de Stanford razona sobre esta fuerza a la que no considera un tema trivial.

Nuestras ideas sobre el amor romántico han evolucionado muy poco con el tiempo cuando se trata de lo esencial: “Aún pensamos que el amor es ennoblecedor e íntimo, una forma profundamente personal de trascendencia espiritual”.
Nuestras ideas sobre el amor romántico han evolucionado muy poco con el tiempo cuando se trata de lo esencial: “Aún pensamos que el amor es ennoblecedor e íntimo, una forma profundamente personal de trascendencia espiritual”.

California, Estados Unidos

Al contrario que la festividad de San Valentín, el amor no es tema de un solo día para la Universidad Stanford de Palo Alto (California), que dedica todo un curso de primavera a estudiar las raíces del amor contemporáneo.

“Estudiar el amor es tan importante o más que estudiar física”, dice el profesor Robert Pogue Harrison, quien se pregunta “¿de qué nos sirve entender el cosmos si no logramos desarrollar el conocimiento de nosotros mismos y de nuestras prioridades?”.

Con esta idea la Escuela de Humanidades y Ciencias de la prestigiosa universidad diseñó hace cinco años el curso “¿Qué es el amor?”, “What is Love?” en su traducción al inglés.

“Es una pregunta que todos en algún momento de la vida se hacen, tal vez no tenga repuesta, pero hay que hacerla”, indica David Lummus, uno de los profesores que diseñó el curso.

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Hace diez años más del 60 % de los adultos estadounidenses decían que iban a festejar de alguna manera el Día del Amor o de los Enamorados, mientras que en 2019 el porcentaje se ha reducido a la mitad.

What is Love?”, que es ofrecido en el semestre de primavera a los estudiantes de primer año, ha ido creciendo en popularidad entre los alumnos en los últimos años.

El plan de estudio pretende que al final del curso el estudiante haya intentado responder preguntas como: ¿Es el amor un fenómeno espiritual o corporal?, ¿Es un concepto de amor eterno o siempre cambiante? ¿Cómo pensar sobre el amor nos lleva a hacer otras preguntas filosóficas y sociales importantes?

El análisis que hacen del amor profesores como Harrison, quien es el encargado del curso, es lo contrario de la carga comercial que conlleva la celebración del Día de San Valentín.

La Federación Nacional de Minoristas de Estados Unidos estima que los consumidores de este país gastaron alrededor de 20,700 millones de dólares en la celebración del amor en este 2019.

Aunque la cifra de gasto sigue creciendo año a año, paradójicamente el número de los que celebran este día va en descenso.

Hace diez años más del 60 % de los adultos estadounidenses decían que iban a festejar de alguna manera el Día del Amor o de los Enamorados, como se denomina en algunos países, mientras que en 2019 el porcentaje se ha reducido a la mitad, de acuerdo con los minoristas. “El amor no es un tema trivial”, recalca Harrison.

El catedrático advierte que a través de los siglos el amor romántico ha sido el tema de discusión e inspiración para los más grandes filósofos, escritores y pensadores de la historia de la cultura occidental.

Por ejemplo, Harrison explica que la gente que celebra este día del amor y la amistad debería agradecer a Platón por el concepto del alma gemela y la búsqueda de la “media naranja”

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Nuestras ideas sobre el amor romántico han evolucionado muy poco con el tiempo cuando se trata de lo esencial: “Aún pensamos que el amor es ennoblecedor e íntimo, una forma profundamente personal de trascendencia espiritual”.

El discurso de Aristófanes en el Simposio de Platón sugiere que originalmente los humanos eran criaturas similares, pero los dioses los dividieron por la mitad. “Desde entonces, los humanos se sentirían incompletos, y tendrían la necesidad de restaurar la unidad y por eso buscan la otra mitad perdida”, explica Harrison.

Mientras la creencia de la otra mitad dataría del siglo IV AC, detalles como regalar flores y los actos de caballerosidad tienen sus orígenes en los cortesanos de los siglos XII y XIII en el sur de la Francia actual, donde se originó la poesía lírica occidental.

Harrison cree que nuestras ideas sobre el amor romántico han evolucionado muy poco con el tiempo cuando se trata de lo esencial: “Aún pensamos que el amor es ennoblecedor e íntimo, una forma profundamente personal de trascendencia espiritual”.

Incluso las letras románticas de la música pop son herencia de la gran tradición del amor cortés y el florecimiento de la poesía amorosa de los trovadores en los siglos XII y XIII.

“La mayoría de los estudiantes se sorprende que todos estos conceptos sobre el amor y expresiones de romance hayan sido heredados y estudiados por grandes como Dante o Shakespeare”, apunta Harrison.

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“¿Qué es el amor?” no es el único curso que Stanford imparte sobre este tema. La universidad californiana ofrece también el curso por internet “El amor como una fuerza para la justicia social”.

Este curso impartido por la profesora Anne Firth Murray busca que los participantes sean conscientes del poder del amor y la posibilidad de practicarlo en la vida cotidiana, además de resaltar en particular la idea del amor como una fuerza para la justicia social.

Mientras la Universidad Estatal de California Long Beach, en el sur del estado, promueve un curso que explora las representaciones de erotismo, amor y romance a través de la historia.

“El amor fue, es y seguirá siendo materia de estudio”, sentencia Harrison. EFE

Hormonas y áreas cerebrales intervienen en el amor y el desamor

En el amor y el desamor intervienen diversas áreas cerebrales, hormonas y sustancias, y es esa la razón por la que las personas presentan diversas conductas o emociones, ya sea la atracción o los celos, dudas, ansiedad y miedo, destacó un especialista.

Sergio Gustavo Zúñiga, docente de la Universidad del Valle de México (UVM), dijo que combinadas las hormonas serotonina, dopamina, oxitocina, adrenalina y vasopresina conforman la Fórmula del Amor.

“Hoy reconocemos que es el cerebro (y no el corazón) el que puede tener el ‘flechazo’ de cupido, debido a que distintos neurotransmisores son sintetizados y liberados dentro del propio cerebro y al torrente sanguíneo”, señaló el experto. Explicó que los neurotransmisores son sustancias químicas creadas por el cuerpo que transmiten o envían información desde una neurona hasta la siguiente a través de unos puntos de contacto llamados sinapsis.

En la actualidad se han identificado hasta 60 sustancias químicas con esta función.
Detalló que la serotonina es un neurotransmisor que es sintetizado a partir del triptófano, un aminoácido que no es fabricado por el cuerpo, por lo que debe ser aportado a través de la dieta.

“La serotonina es reconocida como la hormona de la felicidad; los niveles bajos de esta sustancia se asocian a la depresión”, dijo. Mientras que la dopamina está involucrada en las conductas adictivas y sensaciones placenteras. Sin embargo, también se asocia a los movimientos musculares, la memoria y el aprendizaje.

La adrenalina es una hormona asociada a mecanismos de supervivencia y permite reaccionar de manera adecuada ante una situación de estrés. Es la encargada de regular la presión arterial, la frecuencia respiratoria y nos mantiene alertas y sensibles a distintos estímulos del medioambiente.

En tanto que la oxitocina es un neuropéptido que se produce en el hipotálamo y se dirige a la hipófisis, glándula que la libera para expulsar la leche materna cuando la madre ofrece la lactancia a su hijo. Es la responsable de las contracciones uterinas durante el parto.
Sin embargo, se ha descrito su liberación durante diversos aspectos sociales como una comida agradable, el placer durante el orgasmo o incluso durante el desarrollo de vínculos afectivos o el crecimiento de los niños.

En el enamoramiento, señaló Zúñiga, la vasopresina incrementa la preferencia por la pareja, los niveles de cortisol, la atracción y la presión arterial.

A la vasopresina también se le conoce como hormona antidiurética, y es producida por el hipotálamo, regula la concentración de orina y su excreción por medio de los riñones, y su actividad influye de manera directa en la tensión arterial.

Se ha señalado en publicaciones recientes como la “hormona del miedo”, y se asocia a la memoria, al vínculo entre madre e hijo y padre e hijo, y también tiene una reputación como la “hormona de la monogamia”. EFE