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Papa Francisco visita los Emiratos rodeado de lujos y secretismo

Francisco realiza una visita histórica a los Emiratos Árabes, la primera de un jefe de la Iglesia Católica a un país musulmán.

El Papa Francisco fue recibido por el príncipe heredero de Abu Dabi, Mohammed bin Zayed, a su llegada a los Emiratos./AFP.

Abu Dabi.

Los lujos y el secretismo marcan la histórica visita del papa Francisco a Emiratos Árabes Unidos (EAU), invitado a un encuentro interreligioso que se celebra en el hotel más lujoso de Abu Dabi, mientras que la mayor parte de los actos oficiales del pontífice son privados y alejados de los focos.

La conferencia de Fraternidad Humana reúne desde ayer a 700 representantes de diferentes confesiones religiosas, encabezados por musulmanes y cristianos, que han sido invitados por las autoridades emiratíes para promover la convivencia en el marco del "año de la Tolerancia" declarado por el Gobierno del país en 2019.

Sin duda, la puesta en escena es espectacular en el hotel Emirates Palace, que recuerda a un palacio de las mil y una noches, con 114 cúpulas distribuidas en un edificio principal y dos alas laterales, que se extienden un kilómetro frente a la costa de Abu Dabi, en medio de jardines, palmeras y fuentes de agua, que se ha convertido en un atractivo turístico destacado del emirato.



Las autoridades no han ahorrado dinero ni esfuerzos en este evento, que busca ofrecer una imagen de apertura y tolerancia que no siempre existe en EAU, donde según oenegés internacionales de derechos humanos se reprime la libertad de expresión y hay varios activistas encarcelados.

"A pesar de sus declaraciones sobre tolerancia, el Gobierno de EAU no ha demostrado tener un interés real en mejorar su historial de (abusos de) los derechos humanos", indicó Human Rights Watch en un comunicado difundido ante la visita del papa al país.

A pesar de los llamamientos hechos por las organizaciones de derechos humanos, parece improbable que el pontífice aborde esta cuestión sensible en sus encuentros con los anfitriones, en los que los medios de comunicación tienen un acceso muy limitado.

Mientras, los fieles católicos que esperan la visita del Papa con entusiasmo, sólo podrán verle en el único acto público que está programado: la misa multitudinaria que oficiará mañana en el estadio Zayed de Abu Dabi.

Esta será la misa al aire libre más multitudinaria celebrada en un país musulmán, a la que está previsto que asistan más de 130.000 personas.

En casi todo momento, menos en la misa, el Papa estará acompañado por el gran imán de Al Azhar, Ahmed al Tayeb, representante de la institución más prestigiosa del islam suní.

El jefe de los 1.300 millones de católicos tuvo por la mañana una reunión privada con el príncipe heredero de Abu Dabi, Mohamed ben Zayed Al Nahyan, que se enorgullece de la "coexistencia pacífica" de las religiones en su país.

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El pontífice entregó al príncipe un medallón en el que se representa un encuentro en 1219, en plena Cruzada, entre San Francisco de Asís y el sultán Malek al Kamel, en Egipto, un hito de 800 años de antigüedad del diálogo entre musulmanes y cristianos.

Francisco asistió también este lunes a una ceremonia militar, en la que aviones caza emiratíes sobrevolaron el gigantesco palacio presidencial, lanzando al aire una humareda amarilla y blanca, representando los colores de la bandera del Vaticano.

En la reunión con el príncipe heredero, Francisco abordó sin duda la situación en el vecino Yemen, escenario de la peor crisis humanitaria del mundo según la ONU, causada por una guerra iniciada hace cuatro años.