La perra que cuida el Corredor de Conservación Chocó-Darién

Un can mestizo ha sido la compañera del equipo técnico del Cocomasur, una organización étnico territorial conformada por familias de ascendencia afrocolombiana

Un can mestizo ha sido la compañera del equipo técnico del Cocomasur
Un can mestizo ha sido la compañera del equipo técnico del Cocomasur

Peñaloza, Colombia.

En el cine, series de televisión y dibujos animados abundan las historias de intrépidos canes cuyas hazañas opacan al protagonista. En la vida real existen amigos de cuatro patas que sin saberlo, son capaces de inspirar a las personas a ser mejores.

Con Mocha eran 26 los que recorrieron parte del Corredor de Conservación Chocó-Darién para conocer el trabajo del Consejo Comunitario de Comunidades Negras de la Cuenca del Río Tolo y Zona Costera Sur (Cocomasur) en Peñaloza, aldea cercana a Acandí, al noroeste colombiano.

La perra lleva más de un año de seguir al equipo de técnicos del Cocomasur, una organización étnico territorial conformada por familias de ascedencia afrocolombiana.

Los nueve consejos comunitarios que integran este proyecto residen en la cuenca del río Tolo y en la zona sur costera de Acandí, Chocó a 551 kilómetros de Bogotá. Las veredas de Cocomasur representan cerca el 55% del territorio de Acandí.

Cuando periodistas de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Honduras, México, Panamá y Perú fueron invitados a participar en un taller organizado por el Programa de colaboración de las Naciones Unidas para la Reducción de Emisiones de la Deforestación y la Degradación de los bosques en los países en desarrollo (ONU-REDD+), Mocha también los acompañó.

La can es de pelaje corto y café con pequeñas manchas blancas tiene la cola cortada y de ahí su nombre.
Como los otros perros de la localidad, está por muy debajo de su peso ideal y siempre busca cualquier resto de comida en Peñaloza.

Chocó es un departamento considerado el epicentro de los conflictos ambientales y sociales, que lo orilló al olvido estatal al ser el escenario de disputas por territorios.

Los índices de pobreza extrema superan el 37% y el de pobreza 62%, en tanto las carreteras son escasas y están en mal estado, lo que incide en la falta de infraestructura educativa y de salud en esa región, frontera con Panamá y costas en los océanos Atlántico y Pacífico.

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Mocha acompaña siempre y desde hace más de un año al equipo del Consejo Comunitario de Comunidades Negras de la Cuenca del Río Tolo y Zona Costera Sur (Cocomasur) en Peñaloza, una localidad frontera con Panamá.



Compañera. Mientras el equipo de Cocomasur apenas le lleva hora y media en promedio recorrer los nueve kilómetros del corredor Chocó-Darién, al grupo de periodistas les tomó casi ocho horas.
Pese a ello, Mocha, al igual que los técnicos forestales, saben adaptarse al ritmo de sus invitados.

Este corredor es el primer proyecto de conservación en el mundo destinado para generar créditos de carbono y proteger el 13,465 hectáreas de bosque tropical húmedo.

Para adentrarse al bosque es necesario caminar por casi una decena de potreros de vacas y Mocha parece conocer bien el camino.

El calor sube y con la adrenalina al tope, el cansancio es calmado con la infinidad de paisajes naturales que dan el aliento de seguir sin importar los pasos nerviosos.

Mocha sigue el camino marcado en la grama por las veces en las que antes el equipo lo ha recorrido.

Siempre va en medio, como si supiera que adelante de David Bolaños, uno de los técnicos, no va nadie y que tampoco ninguno que no sea de Cocomasur puede quedarse atrás.

La perra aprovecha cualquier fuente de agua para calmar su sed y cuando todos comen las zarapas, aguarda paciente los huesos de pollo de este platillo que asemeja un tamal por la hoja de plátano que lo envuelve y va relleno de arroz.

Entre las pendientes y el fango, el can se camuflajea y camina con más confianza que los visitantes.

En los descansos, Mocha se sienta entre el grupo que la ha hecho una integrante más por su perseverancia de seguirlos cuando ellos trabajan monitoreando el territorio para evitar la tala ilegal de árboles.

Esto consiste en recolectar muestras para medir la captura de gases de efecto invernadero.

El proyecto ayuda a prevenir el cambio climático global y a salvaguardar ecosistemas y vida salvaje del Darién con el fortalecimiento de la identidad territorial y la capacidad gobernativa del Cocomasur.

Un día bastó para que los reporteros supieran que lo vivido en Peñaloza y en el corredor Chocó-Darién sería una experiencia que tendrán presente por largo tiempo.

Apenas empezaban a conocer de la historia y el trabajo de la comunidad cuando les tocó despedirse de su gente, de los escarpados, la flora y la fauna, y también de Mocha que después de caminar por el bosque regresa a Peñaloza a reunirse con el resto de los canes.

Desde un camión, los trece invitados dicen hasta pronto a todas las personas que conocieron en la corta experiencia, al tiempo de dar un nuevo valor al trabajo en equipo, gracias a los resultados vistos en el Cocomasur, adonde juntos han hecho lo imposible por preservar un legado ancestral.

La Prensa