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Emotiva despedida a Alfredo Thiebaud, Rey del coquito en Nueva York

Alfredo Thiebaud fue despedido por familiares, empleados y amigos con música de Mariachis.

Familiares, empleados y amigos llevarban camisas con una fotografía de Alfredo Thiebaud. /

Nueva York, Estados Unidos.

A una sola voz y con lágrimas corriendo por sus mejillas; familiares, amigos y empleados de Alfredo Thiebaud, el Rey de los coquitos en Nueva York, cantaron a ritmo de mariachis y celebraron la vida de un hondureño ejemplar que con el sabor de sus helados se ganó la preferencia de su clientela y con su carisma, bondad y generosidad el corazón de una comunidad que llora su partida.

El frío de las noches de otoño en el Bronx contrastaba con el calor de las miles de personas que asistieron a la funeraria. Los presentes eran recibidos en la vela por los famosos carritos de helado con los tradicionales sabores de fresa, coco, mango y rainbow los cuales consumían en forma de tributo a don Alfredo; una señal inequívoca que el Rey del coquito aún vive y seguirá con vida a través de sus tan gustados postres.

“Cuando decidí crear el periódico 'La voz de Honduras' y nadie creía en este proyecto, toque muchas puertas y nadie me quiso ayudar. Un día visité a don Alfredo y le pedí ayuda, sin dudarlo me dijo que sí y me patrocinó por completo la primera edición”, dijo Martha Aparicio, una hondureña que lamenta la partida de Thiebaud.

Anécdotas, sonrisas, halagos, memorias y lágrimas se compartían a lo largo y ancho de aquel recinto en el cual se escuchaba cada vez más a menudo el grito de "¡viva el Rey del coco!" y en el que los invitados vestían una camiseta blanca con el rostro de un sonriente y elegante caballero que, pese a su desaparición física, les deja un gran legado de amor; sacrificio; compasión y unidad.

“En una ocasión mi madre necesitaba un pasaje para ir a Honduras de emergencia y no tenía los fondos para comprarlo. don Alfredo la vio llorando y le preguntó qué le pasaba e inmediatamente le compró el boleto de avión”, recordó con pesar una de sus empleadas.

Sin lugar a duda, el momento más emotivo de la noche ocurrió cuando ingresaron los mariachis a la sala donde descansaba con saco y corbata de manera impecable Alfredo Thiebaud, siendo “Mi viejo” la primer canción interpretada por los músicos, seguida por “El rey”; “Amor eterno”; “Amigo”; “Nadie es eterno”. El ápice de la noche llegó cuando se interpretó “En mi viejo San Juan”; la familia Thiebaud se fundió en un solo abrazo y las lágrimas rodaron sin cesar.

Miembros del departamento de policía de Nueva York, oficiales de bomberos, el presidente del Bronx Rubén Díaz Jr., líderes políticos neoyorkinos, una gran cantidad de medios de comunicación hispanos y estadounidenses, excursiones de diferentes estados, equipos de baseball, clientes, amigos, empleados y desconocidos asistieron a brindarle sus respetos a Alfredo Thiebaud, responsable de poner miles de sonrisas en el rostro de niños y adultos a través de 4 décadas de amor y sabor.