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Alfredo Thiebaud, el hondureño al que todos lloran en el Bronx

El compatriota que llegó como inmigrante a Estados Unidos hace más de cuatro décadas fundó un imperio del helado en Nueva York. Su muerte ha conmocionado a toda una comunidad.

Hondureños llegan a dejar mensajes y velas recordando Alfredo Thiebaud.

Nueva York, Estados Unidos.

La comunidad del Bronx llora la muerte de un hondureño ejemplar que con su ímpetu por salir adelante fundó una empresa hace más de cuatro décadas y dio empleo a miles de migrantes.

Alfredo Thiebaud (74) falleció el viernes al caer y ser atrapado por un portón metálico en su negocio Delicioso Coco Helado.

Fue encontrado por un amigo, quien con miles de ciudadanos, familiares, empleados y autoridades lamentaron su muerte. Thiebaud era conocido en Nueva York como el hondureño rey de los helados.

En su edición del sábado, el prestigioso diario The New York Times destacó cómo el hondureño inmigrante permaneció en el sur del Bronx mientras casi todo el que podía abandonaba un barrio golpeado duramente por la pobreza y la violencia. Allí construyó un pequeño imperio en el que empleó a decenas de personas, que fabricaban y vendían los populares helados -al principio solo de coco y luego de más sabores- por las calles del Bronx.

Nunca lo olvidarán

Las demostraciones de respeto, cariño y admiración de la comunidad neoyorquina no cesan y ayer, justo cuando el día ofrecía sus últimos rayos de sol, empleados de la fábrica del hondureño pasaban su día libre afuera del sitio donde el trágico accidente les robó un ser querido que para muchos llegó a ser más que un padre.

“Don Alfredo fue un gran ser humano, una de las personas más buenas que he conocido. Mi respeto total para él. Fue un gran líder para todos los inmigrantes que tenemos la dicha de trabajar en esta compañía.

Para mí fue un padre y todos los empleados y clientes pueden dar fe de mis palabras; siempre estuvo allí para darnos una mano en cualquier momento que lo necesitamos, creo que ese era uno de sus principales dones”, expresó con pesar Alicia Meléndez, empleada de la heladería.

Entre lágrimas y con la voz entrecortada, esta empleada continuó hablando de las virtudes que hicieron de Alfredo un líder que se ganó la admiración de la comunidad por su gran nobleza y carisma.

“No me da pena decir que cuando llegué a esta compañía hace 27 años sin ningún peso en el bolsillo y con mucha necesidad, inmediatamente me mandó a trabajar. Ellos pasaron a ser parte de mi familia y no mis jefes y llevo tres noches aquí dándole la despedida a don Alfredo”, agregó con pesar Meléndez.

Las calles de Saint Ann lloran la pérdida de uno de sus líderes. Globos, velas, mensajes en los cristales de los carros, cartas, flores adornan el frente del imperio del sabor en el Bronx.

Leticia Maradiaga, otra empleada de la reconocida heladería de Nueva York, confesó: “Mi relación con él fue buenísima. Siento muchísimo su partida; tengo un dolor tan profundo”.

El presidente Juan Orlando Hernández también lamentó el hecho: “Solidarios con la familia y amigos de Alfredo Thiebaud, un hondureño cinco estrellas residente en New York que vivirá por su gran legado”, escribió en Twitter.

Cordial

Hace cuatro años, Thiebaud compartió con LA PRENSA su testimonio y dejó claro que no era amigo de las mentiras, amaba a su país, a su gente y a su familia.

Tenía en su oficina una galería de fotografías de los muchos reconocimientos que por su altruismo, liderazgo y empuje se ganó en sus 74 años de vida.

Para Thiebaud, el sueño americano podía lograrse, pero trabajando, y por eso recomendaba a las personas que cruzaban las fronteras dedicarse a sus trabajos, ser humildes y agradecidas con Dios.

El hombre recordaba siempre a su natal El Progreso. Para él, las claves de su éxito eran el trabajo y la honradez.

Llegó a emplear a más de 300 personas en su heladería visitada por propios y extraños para conocer el proceso de los famosos helados de coco con un sabor inigualable.

Sin duda, el legado del hondureño perdurará en la comunidad de Nueva York.